
“Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”
San Agustín
Por Juan Manuel Hernández Niebla
22 de Mayo
La Reforma Laboral recientemente aprobada se convertirá en un parteaguas en las relaciones obrero patronales y la modernización de la justicia laboral en México, estando aún pendientes sus leyes secundarias.
Dentro de los grandes cambios están la desaparición de las juntas locales de conciliación actualmente responsabilidad de los gobernadores, pasando sus funciones al poder judicial bajo el esquema de juicios orales.
Pero quizá la parte más importante está en la reforma sindical, donde la realidad actual dista mucho de cumplir el objetivo de proteger al trabajador en sus sueldos y condiciones de trabajo, habiendo dado pauta para la creación de líderes “charros” y corruptos.
La nueva reforma permitirá que cada trabajador elija de manera individual, libre, secreta, y directa el sindicato de su elección, sus líderes y contratos, eliminando las votaciones a mano alzada.
Igualmente, obliga a las dirigencias sindicales a rendir cuentas sobre el manejo financieros de los fondos recibidos.
Actualmente, existen aproximadamente 3,800 sindicatos registrados. Sin embargo, la mayoría de ellos no atienden correctamente las necesidades e inquietudes de los trabajadores, convirtiéndose más en contratos de protección, o sindicatos “blancos”.
Con cierta razón, las empresas justifican su necesidad porque ante la ausencia del mismo, cualquier sindicato puede emplazar a huelga, más por intento de extorsión que por verdadera representación obrera.
Pero más allá de los posibles logros sindicales, el verdadero motivo de la nueva reforma se dio como resultado de las presiones del gobierno de EU para la aprobación del nuevo TLC, conocido como TMEC.
En ese sentido, y según argumentos de los sindicatos norteamericanos, la mano de obra barata ha sido la principal estrategia económica de México desde los inicios del TLC, para las exportaciones a EU.
Según sus argumentos, muchas empresas estadounidenses han aprovechado la fuerza laboral mexicana para crear una competencia desleal para los trabajadores norteamericanos, generando una brecha salarial que se ha convertido en un punto de discordia entre los dos países.
Según estudio de la OECD, México tiene el último lugar en la participación de la economía correspondiente a los sueldos de sus trabajadores, pero el primer lugar en la participación de las utilidades empresariales.
Durante su campaña, el Presidente López Obrador prometió una distribución más justa de los ingresos, arrancando 2019 con un incremento del 17% al salario mínimo general, y un 100% al salario mínimo en la frontera.
Sin embargo, la visión del Presidente vislumbra una economía impulsada más por la economía interna que por las exportaciones, colocando a todos los actores en una encrucijada, en el entendido de que el 90% de las empresas del país son micros y medianas (MYPIMES).
En ese sentido, ¿Cuántas MYPIMES en el país están sindicalizadas? ¿Cuántas tienen las estructuras administrativas para manejar la complejidad de un sindicato? ¿Cuántas de estas entidades contratan empleados en la economía formal?
El problema es ciertamente complejo. Los beneficios de la Reforma Laboral podrán ser medidos si genera más empleo formal, mejores sueldos, y es implementada de manera clara y transparente.
En el inter, se tendrá que poner un especial cuidado a la paz laboral, para que la Reforma no resulte contraproducente y termine convirtiéndose en un inhibidor del empleo formal.
*- El autor es Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Estado
Etiqueta: líderes charros y corruptos
López Obrador y los sindicatos
En México, la incorporación del sector obrero al PRI permitió resolver el conflicto entre las fuerzas conservadoras del capital y las fuerzas progresivas del movimiento laboral.
Por Leo Zuckermann
18 de Octubre de 2018
Algo importante está pasando en el mundo sindical en México. Las aguas están muy movidas. Napoleón Gómez Urrutia ha regresado al país con toda la intención de seguir dominando el principal sindicato minero. Elba Esther Gordillo ha salido de la cárcel con toda la intención de regresar a liderar el principal sindicato magisterial. Carlos Romero Deschamps está organizando comicios para reelegirse como dirigente nacional de los petroleros. El nuevo gobierno de López Obrador, por su parte, está en el proceso de definir cuál será su política frente a los sindicatos. ¿Apoyará a líderes charros y corruptos que aseguren estabilidad política o promoverá un proceso de democratización real de los sindicatos?
En Shaping the political arena, los politólogos norteamericanos Ruth y David Collier realizaron un estudio fundamental sobre la relación entre los movimientos obreros y los regímenes políticos en América Latina. Los autores argumentan que la modernización capitalista de principios del siglo XX trajo consigo la formación de una clase trabajadora radicalizada y organizada en movimientos laborales. La reacción de los distintos Estados nacionales latinoamericanos a estos movimientos determinó, según ellos, el tipo de régimen político de cada uno de los países.
De acuerdo con los Collier, las reacciones de grupos conservadores hacia los movimientos obreros derivaron en un sinnúmero de golpes de Estado en América Latina. En México, en cambio, la incorporación del sector obrero a un partido de Estado, el PRI, permitió canalizar y resolver el conflicto entre las fuerzas conservadoras del capital y las fuerzas progresivas del movimiento laboral. El sistema priista fue eficaz para negociar la lucha de clases lo cual, en comparación con otros países latinoamericanos, dio mucha estabilidad a la vida política del país. Esto no es ninguna menudencia si se toma en cuenta los horrores que significaron las diversas dictaduras militares en Latinoamérica.
La relación del Estado mexicano con el sindicalismo oficial fue funcional para ambas partes. Por un lado, se consiguió paz y estabilidad política. Por el otro, los obreros mexicanos lograron ciertos derechos en su seguridad laboral y social. Los mayores beneficiarios de este pacto fueron los líderes sindicales, quienes recibieron jugosas rentas económicas y poderosos puestos políticos. Eventualmente, la complacencia se apoderó de estos dirigentes, quienes cada vez más estuvieron dispuestos a acomodarse que a luchar.
En los años ochenta se dieron una serie de acontecimientos que tuvieron un efecto directo sobre el sindicalismo mundial y mexicano. El sistema comunista, supuesto defensor de los intereses de la clase trabajadora, cayó. El mundo se convirtió en un lugar predominantemente capitalista donde comenzó una despiadada lucha —no de clases— sino de países por conquistar mercados. En esta implacable globalización, los capitales se dirigieron a los lugares donde el trabajo era más barato, productivo o preparado. Esto significó un nuevo reto para los sindicatos acostumbrados a una concepción anacrónica de la lucha de clases.
En esa misma década, en México se dio una serie de reformas económicas orientadas a fortalecer al mercado. El Estado perdió espacios y con ello capacidad de repartir beneficios al movimiento obrero organizado. Además, los sindicatos fueron perdiendo poder dentro del PRI, partido que, con la creciente apertura política, tuvo que competir para ganar puestos de elección popular.
El PRI, eventualmente, perdió el poder, pero los gobiernos panistas, tanto el de Fox como el de Calderón, se acomodaron con los líderes y sindicatos que venían de la época dorada del tricolor. Prefirieron mantener la fiesta laboral en paz llegando al extremo, en el caso de la educación pública, de entregarle parcelas enteras de la administración del sistema al sindicato magisterial.
En los últimos meses, el gobierno de Peña, quien como buen priista se acomodó a la paz laboral de los sindicatos charros y corruptos, ha firmado un par de acuerdos internacionales de libre comercio que obligan a la modernización y democratización sindical. Me refiero al TPP 11 y al USMCA. Se trata de un enorme reto para la siguiente administración de López Obrador sobre todo si se suma el hecho de que la izquierda mexicana siempre ha luchado por tener sindicatos reales que representaran los intereses de los trabajadores. ¿Qué hará, en este sentido, AMLO con el mundo laboral mexicano? ¿Se acomodará con los dinosaurios, pondrá a los suyos o permitirá un verdadero movimiento sindical democrático? Un asunto que valdrá la pena darle seguimiento.