02/05/2019

Por Emilio Zacarías Gálvez
Las exigencias sociales del presente, son reacciones a causas del pasado, que cobran efectos en el futuro.
Así lo pensó August Spies, uno de los “Mártires de Chicago”, líder de la huelga iniciada el 1o de mayo de 1886, antes de ser ahorcado: “La voz que van a sofocar, será más poderosa en el futuro, que cuantas palabras pudiera yo decir ahora”.
Aquella voz, que solo era la representación de miles de voces más, fomentó que, con la fuerza que el movimiento obrero mundial adquirió los años siguientes (y que continúa), se resignificará al trabajo: de fuerza de producción, a valor fundamental para la dignidad humana, para la autonomía y para la inviolabilidad personal; como también a las personas obreras: de objetos productores a sujetos titulares de derechos y, por tanto, de garantías que les permitan ejercerlos realmente, incluyendo, el derecho de acceso a la justicia.
Cien años después, la realidad laboral, si bien se ha modificado a causa de los movimientos de derechos y libertades, no se ha transformado y el aparato de justicia hasta ahora existente no ha sido un factor decisivo para mejorar la vida de las personas o brindarles capacidades para desarrollar un plan de vida elegido libremente, y no a partir de la condena que la desigualdad y la necesidad generan.
Las instituciones en esta etapa de transformación tenemos el compromiso de afrontar ese gran reto. Desde los inicios del siglo veinte, el Estado mexicano cuenta con instancias públicas de defensa y protección de los derechos laborales, como la Procuraduría General de la Defensa del Trabajo (Profedet), que desde su creación en 1929, ha sido responsable de representar, asesorar y apoyar en la búsqueda de soluciones justas de los conflictos laborales.
A través de la Profedet, la Secretaría del Trabajo ha tenido como prioridad el fortalecimiento de la justicia laboral en esferas como: el empoderamiento de los grupos en situación de vulnerabilidad para buscar recursos y de la protección jurídica, la sensibilización jurídica y la asistencia letrada, pues los programas de asesoría y representación jurídica gratuita, son un componente central de las estrategias para mejorar el acceso a la justicia.
Hoy, el fenómeno de precarización del empleo avanza y la desprotección laboral aumenta. Como nunca es necesario reubicar en el centro de la justicia laboral a las personas, a sus derechos y, ante todo, a su dignidad. Asesorar, acompañar y representar a quienes en la relación de trabajo se encuentran en una posición de desventaja: las personas trabajadoras.
De ello depende el crecimiento económico, pero, ante todo, depende que este crecimiento suceda con desarrollo humano.
Tanto la Secretaría, como la Profedet, deben ser instancias a las cuales todas y todos los trabajadores puedan acudir para ser defendidos, escuchados, atendidos, y, sobre todo, se les pueda otorgar la defensa buscada.
A 90 años de su creación, la función de la Profedet no es más sencilla. Ciertamente se han alcanzado logros importantes en materia de justicia laboral, pero son insuficientes, existen aún numerosos retos por vencer: como la protección social, con énfasis prioritario en la población pobre y vulnerable, la promoción de los derechos laborales y de las normas internacionales así como de la libertad de asociación, tanto de trabajadores como de empleadores o del diálogo social que involucre a gobiernos, trabajadores y empleadores y la lucha contra el trabajo infantil.
Nuestro objetivo es simple: coadyuvar a que las personas vean sus necesidades materiales y humanas satisfechas, para que puedan imaginar mejores mundos.
Etiqueta: movimiento obrero mundial
Primero de mayo: día de lucha, no de servilismo

1 mayo, 2019, 3:00 am
Macedonio Martín Hu (*)
En víspera de la fecha más emblemática del movimiento obrero mundial, que conmemora la masacre de obreros perpetrada en una fábrica de Chicago, los trabajadores mexicanos están frente a un panorama político distinto al que vivieron a finales del porfiriato.
Si bien es cierto que con la Revolución de 1910 se pretendió hacer justicia a los trabajadores brutalmente explotados durante la dictadura del oaxaqueño, con la institucionalización de la vida nacional, el “triunfo” del movimiento armado y la promulgación de la Constitución de 1917, los obreros mexicanos fueron nuevamente oprimidos por líderes sindicales que se aprovecharon para controlar el movimiento obrero y ponerlo descaradamente al servicio del gobierno en turno.
El control de los obreros se “formalizó” con la creación de centrales obreras, como la Confederación de Trabajadores de México (CTM) fundada en 1936. Uno de sus fundadores, Vicente Lombardo Toledano, perdió el liderazgo a manos de Fidel Velázquez Sánchez, a quien sólo la muerte le arrebató la dirigencia de esa central obrera que, desde su fundación, se convirtió en un pilar esencial del PRI.
Pocos obreros en México se ocupan de estudiar la historia de las luchas sociales, como las encabezadas por líderes que enarbolaron banderas de justicia social, democracia y libertad, como los dirigentes ferrocarrileros Valentín Campa y Luis Gómez Z., quienes sufrieron persecución por defender los derechos de los agremiados.
Por ello los obreros mexicanos se someten fácilmente a líderes sindicales que solo velan por sus intereses y los de sus incondicionales; empero, cada 1º de mayo, encabezan desfiles “oficiales” para refrendar lealtad (incondicionalidad y servilismo) al Presidente de la República o al gobernador en turno.
En ese contexto, han transcurrido casi 100 años de control del movimiento obrero. Por los gobiernos emanados del PRI fueron 71 años y 12 años de gobiernos panistas. En ese lapso, los desfiles del 1º de mayo se utilizaban para lanzar loas a los presidentes y agradecerles sus “apoyos” a los trabajadores.
En años, las centrales obreras: la CTM y la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) manejaron en aras de los intereses de sus líderes el escenario donde competían para ver cuál era la más leal y servil al gobierno. Esa misma estrategia se llevaba al cabo en las entidades del país.
En Yucatán, los líderes sempiternos de la CTM y la CROC “invitan” a sus agremiados para el desfile “oficial”. Para comprobar la “entrega” del obrero a su sindicato, se pasa lista de presencia y se entrega una gorra y una camiseta.
Para que el desfile “institucional” de la clase trabajadora cobre un mayor realce, lo común es invitar al gobernador en turno.
Si los Mártires de Chicago revivieran y atestiguaran esos desfiles “oficiales” del 1º de Mayo, Día del Trabajo, se volverían a morir de tristeza, frustración y decepción.
Como resultado del triunfo arrollador de Andrés Manuel López Obrador, el 1º de julio del año pasado, la alianza que lo postuló —MORENA, PT y PES— cuenta con mayoría absoluta en el Congreso, lo que permitió la Reforma Laboral, aprobada en lo general por el Senado de la República. “La Reforma Laboral da respuesta a demandas históricas de los trabajadores, al establecer la libertad, democracia sindical y un nuevo sistema de impartición de justicia para la resolución de los conflictos obrero patronales”.
A nombre del PRI, el dirigente de la CTM, Carlos Aceves del Olmo, calificó de inaceptable la intromisión en la vida interna de los sindicatos; además, sostuvo que esa reforma laboral se aprueba por presiones de Estados Unidos y Canadá, dentro del Tratado de Libre Comercio (“La Jornada Maya” 30-04-19).
La trascendencia del gobierno de la 4T, en cuanto al movimiento obrero, es que una vez que entre en vigor la Reforma Laboral, los trabajadores mexicanos tendrán plena libertad de afiliarse al sindicato que más convenga a sus intereses y los dirigentes sindicales ya no podrán eternizarse en el cargo, lo que es un golpe mortal para los líderes sindicales que se mantienen en sus cargos, hasta que la muerte los separe.
Las nuevas generaciones deben conocer la historia de las luchas que han emprendido mujeres y hombres que ofrendaron sus vidas por la libertad y la democracia.
En México, se recuerda la masacre de obreros de las industrias textiles de Cananea y Río Blanco (1906); en Yucatán, se recuerda el sacrificio de Efraín Calderón Lara, el “Charras”, quien tuvo la valentía de enfrentarse a la hegemonía de los líderes “charros”.
Es necesario conocer la historia de las grandes luchas de los trabajadores de todo el mundo, para no participar con posturas entreguistas. ¡Honor a los Mártires de Chicago! El 1º Mayo, Día del Trabajo, es un día de lucha, no de servilismo.— Mérida, Yucatán.
chilambalam945@hotmail.com
Maestro de la Universidad Pedagógica Nacional