
Diálogos Ciudadanos
Por: Esteban Ángeles Cerón
19 de Mayo
Para que la reforma laboral reencause una libertad sindical sin cortapisas ni amarres de fondo, se debe ir más allá de un discurso demagógico, que no disfrace desde la legalidad el control de la fuerza corporativa de los sindicatos para ser usados como armas políticas.
El Neo-Corporativismo es un resabio político que al naturalizarse desde el pragmatismo partidista, intentará controlar la libertad sindical y perfilar la nueva reforma laboral como espejismo para que el trabajo asalariado tenga que seguir un rol contemplativo o de comparsa con los patrones de la empresa industrial o del campo.
Efectivamente, siendo la libertad sindical parte fundamental de la reforma laboral, escamotearla presagia que sólo será una medida cosmética que ahondará los problemas que ya presentan las relaciones laborales.
Así las cosas, es pertinente cuestionarse ¿hasta dónde y hasta cuándo el peso del control político neo-corporativista impedirá el progreso de los trabajadores?
La reproducción de un neo-corporativismo que siga ligado a las élites empresariales, al poder sindical y a las marionetas políticas, hará imposible trazar una verdadera Agenda que resignifique las relaciones laborales; concrete las oportunidades de los trabajadores por mejores condiciones salariales y de superación; y detenga los intentos por hacerlos instrumentos o grupos de choque o prebendas del poder para complacer o castigar, condición que en los tiempos modernos muestra la extrema deshumanización en que vive los trabajadores y la urgencia de impedirlo mediante una puntual implementación de las nuevas disposiciones laborales.
Los diálogos que proyecta establecer la reforma en materia de libertad sindical, pretenden democratizar la participación de los trabajadores para rearticular la vida interna de sus organizaciones y transformar las condiciones laborales que deben primar en un país que intenta hacer frente a los retos y exigencias que plantea la producción de bienes y servicios de los sectores público y privado.
En este sentido, es indispensable puntualizar que la industrialización y la transferencia de tecnología, demandan significativas inversiones y refuncionalizar el trabajo frente al capital; proceso de reconversión que impone la necesidad de que la fuerza de trabajo disponga de una legislación de vanguardia.
Hoy, las lógicas internacionales mantienen relaciones horizontales entre el trabajo y el capital, en las que factores como el salario y la formación del tejido obrero resultan fundamentales para entender que su rezago y anquilosamiento, impiden la competitividad internacional y deterioran la calidad de vida de los trabajadores, que requiere fortalecerse en un contexto de justicia, armonía y entendimiento.
Los nuevos lazos políticos y económicos de la globalización plasmados en la reforma del trabajo, inciden en los comportamientos gubernamentales, ya que tanto Estados Unidos como Canadá, vigilarán que México cumpla el compromiso de que las relaciones laborales y sindicales se desarrollen conforme a la ley; y haga que el trabajo sea visto como una función socio-cultural y dimensión científica e intelectual que valore la inserción laboral en el desarrollo humano de nuestra Nación, y no sólo como un ámbito que incumbe a la producción y la productividad industrial y del campo.
Las condiciones procesales de la nueva reforma laboral y su implementación, implican retos mayúsculos para las estructuras institucionales, que deberán hacer posible el cambio de paradigma político y social que plantea la reforma laboral.
En los próximos cuatro años se tienen que revisar miles de contratos colectivos de trabajo que en su mayoría son contratos simulados o de protección; registrar a los sindicatos y expedirles el certificado de reconocimiento de representatividad; sancionar la legalidad de la elección de las dirigencias sindicales mediante el voto libre, secreto, directo y personal; cuidar que la aprobación de los contratos colectivos de trabajo sea mediante el voto de los trabajadores; garantizar que se respete la decisión de los trabajadores de pertenecer o no a un sindicato y que sus cuotas sindicales sean descontadas de su salario si así lo autorizan.
De igual manera, tendrá que desterrarse el control político-económico y la opacidad con que se han manejado los contratos colectivos de trabajo, que si bien garantizaron la paz laboral, lo hicieron afectando los salarios de los trabajadores, que ignoraban todas las condiciones salariales pactadas, mismas que ahora tendrán que aprobarse con la participación y el voto de los trabajadores y hacerse públicas en una plataforma de internet, lo que significa un parteaguas en la vida sindical del país.
Ahora es pertinente preguntarse, ¿cómo se aplicarán las disposiciones constitucionales y legales de la reforma laboral a los sindicatos del Apartado B del Artículo 123 constitucional? Si el T-MEC sólo se refiere a “sindicatos” y no establece distinción entre sindicatos de los Apartados A y B, ¿cómo se aplicará la reforma laboral a los sindicatos de la FSTSE y en particular al SNTE? ¿Cómo garantizará la autoridad la democracia sindical y los derechos de los trabajadores en sindicatos como el de PEMEX o el de la CFE o en los sindicatos universitarios o en el SNTE? ¿A la luz de las disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, se reformará el Reglamento de las Condiciones de Trabajo del SNTE y la Ley Federal de Trabajadores al Servicio del Estado?
Es imperativo dar respuesta a estos cuestionamientos ya que el cambio del sistema político que se precisa, no puede constreñirse a la intención y veleidad de la voluntad gubernamental, que parece decisoria de todo logro nacional, condición quimérica y distante de las verdaderas necesidades sociales y de lo que requiere la competitividad internacional del país.
En este marco laboral, los ciudadanos esperamos que la transformación del país se logre al amparo del nuevo rol de las relaciones entre trabajadores, sindicatos y empresarios, que sea el arquetipo de un país que es capaz de refuncionalizar sus estructuras productivas a través de lógicas de equidad social y de competitividad internacional.
Esta premisa presupone que la reforma laboral incide en el plano de la dignidad y los derechos humanos revalorizando las funciones culturales y cognitivas que deben permear en el desarrollo de los trabajadores.
De no ser así, estaremos maquillando los diálogos sustantivos de la reforma laboral y echando por tierra una vez más, la oportunidad que tenemos de generar el valor agregado del trabajo al desarrollo del país.
Agenda
• El Presidente López Obrador anunció un acuerdo con HSBC, JP Morgan y Mizuho Securities para fortalecer las finanzas de PEMEX, mediante un fondo por 8.000 millones de dólares.
• La crisis ambiental mostró la incompetencia de la Jefa de Gobierno de la CDMX que no supo tomar las medidas para atenuar el impacto de la emisión de contaminantes y evitar daños a la salud.
Etiqueta: poder sindical
Movimiento obrero y reforma laboral

marzo 15, 2019 | Por Raúl Eduardo Bonifaz Moedano
Cuando hablamos en México de movimiento obrero nos evoca un trayecto de formación del sindicalismo organizado y con supremacías en la toma de decisiones del país. Nos recuerda a dirigentes que se asientan por tiempos extensos en el liderazgo.
Es la herencia corporativista del sistema político mexicano. Así se observa a la CTM, la CROC, la CROM, el gremio de telefonistas, mineros, ferrocarrileros, universitarios en el SITUAM, STUNAM, en el magisterio, el SNTE, en trabajadores de la salud, electricistas, petroleros y del IMSS. Los grandes sindicatos que son estructuras de poder con mecanismos de control, soportes de su prevalencia en las decisiones sustantivas políticas.
Por el lado de las instituciones, las juntas de conciliación y arbitraje, tanto federal como local, han sido mecanismos que concentran negociaciones e impartición de justicia. Hoy hay un proyecto para remodelarlas. Lo cierto es que sindicatos e instituciones muestran marcado desgaste por el largo tiempo en que han funcionado.
La reforma se ubica en los artículos 107 y 123 constitucionales respondiendo a tendencias de degradación en la justicia laboral y los procedimientos de gestión de conflictos. Veamos algunos.
Hay sistemas de resolución de conflictos y gestión de paros y huelgas que actúan para crear consensos y establecer salarios mínimos que son referencias en las vinculaciones entre sindicatos y patrones. Es un proceso para que los factores de capital y trabajo coexistan y la economía no se detenga y sueldos y puestos de trabajo sean equilibrados por esta, así como por la evolución de la estructura poblacional que circula en jubilaciones y nuevas generaciones.
En este entramado se diseñan la modernización de las estructuras de justicia laboral e instancias de negociación. Estas preceden a la otra de modo prejudicial. Y la reforma que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha puesto a consideración de la ciudadanía plantea esta reingeniería donde un nuevo marco normativo establece procesos de conciliación de manera que se fijan organismos que tendrían a su cargo esta fase mientras que tribunales laborales sustituirán la función de impartir justicia que tienen aún las juntas de conciliación y arbitraje.
Un asunto más de relevancia es la selección de dirigentes por el voto secreto y no coaccionado, ajustándose al convenio 98 de la OIT que especifica la libertad del trabajador de afiliarse al sindicato que más le convenga.
Se abre un espacio en el que se definirán las relaciones laborales los próximos años incluyendo lo que establece el Tratado de Libre Comercio.
El proyecto está en consulta actualmente, pero sin duda se abre un espacio en el que se definirán las relaciones laborales los próximos años incluyendo lo que establece el Tratado de Libre Comercio que recién se firmó con Estados Unidos de Norteamérica y Canadá.
Debemos considerar que la estructura de poder sindical en esta temática es recia, de hierro, como una de las elites consolidadas y organizadas que plantean preservar sus principios de elección y formas de negociación entre el empleador y sindicatos. Y parece que también a las cúpulas empresariales les es favorable el sistema.
La estrategia tradicional de cúpulas dirigentes estará a discusión y la reforma a la constitución y a la ley puede ser base de modernización con una mejor distribución de dividendos entre capital y trabajo ajustándose a mayores transparencias democráticas.
Diputado federal del Grupo Parlamentario de Morena
@Bonifaz49
http://www.siempre.mx/2019/03/movimiento-obrero-y-reforma-laboral/
Adiós a la pax sindical

Número cero
JOSÉ BUENDÍA HEGEWISCH
28 de Febrero de 2019
Las viejas centrales sindicales corporativas sobrevivieron a la salida del PRI del poder en la alternancia del 2000, pero su permanencia está amenazada bajo los dominios de la 4T y el riesgo de ser desplazadas por nuevas agrupaciones que empujan legisladores de Morena. El reacomodo de fuerzas en el mundo del trabajo comienza a dar muestras del fin de la larga época de la pax sindical en el ámbito laboral y abre un enorme desafío al Estado para conducir un cambio de modelo autoritario agotado por la modernización económica y ahora denunciado por los socios comerciales de México.
Si las dirigencias sindicales lograron mantener el favor de la oposición y acomodarse en el arreglo de la partidocraciaa pesar de la democratización, su perspectiva con el gobierno de López Obradores incierta. Los astros de viejos jerarcas ya no están alineados con el poder político, con el que muchos de ellos se confundieron hasta entronizar personajes conspicuos por señalamientos de abusos y corrupción. Y peor aún, ahora el poder ha encumbrado a antiguos compañeros con viejas cuentas pendientes como los promotores de nuevas agrupaciones rivales, los senadores de Morena Napoleón Gómez Urrutia, líder minero e hijo del fundador del Congreso del Trabajo, y Pedro Haces, quien hizo su carrera sindical con Leonardo Rodríguez Alcaine, de la CTM. Precisamente en el 83 aniversario cetemista, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, advertiría que no habrá sindicatos de Estado ni consentidos por el poder como en el esquema corporativo.
No obstante a la retórica oficial, el cambio de señales está en el Congreso donde se analiza una Reforma Laboral que promueve la libertad sindical y la elección de los representantes con voto directo de las bases como la fórmula para desmontar el poder de los llamados líderes charros. La iniciativa propone abrir la libre afiliación sindical en las empresas para debilitar los contratos de protección y liberalizar la negociación colectiva, pero conserva mecanismos que sirvieron al Estado para mantener el control sindical como la toma de nota para su registro oficial y el establecimiento de un Centro Nacional de Conciliación y Registro Laboral para la validez de los contratos.
El ataque —como lo resiente el dirigente nacional de la CTM, el senador priista Carlos Aceves del Olmo— difícilmente dará lugar a la extinción rápida de un modelo construido a lo largo de casi un siglo. Pero el reconocimiento de su agotamiento y el empoderamiento de nuevos liderazgos se percibe en el toque de tambores de guerra por el desplazamiento de las nuevas agrupaciones, la mayor conflictividad laboral en Tamaulipas y zona fronteriza; y también las presiones comerciales externas para la reforma legal del mundo del trabajo en México por el T-Mec.
La transformación del mundo laboral es una promesa de López Obrador, pero también es un desafío para el Estado porque de su conducción dependerá que la desactivación de los mecanismos de control que aseguraron la pax sindical no se desborden en inestabilidad por la disputa entre las centrales.
En la Comisión del Trabajo del Senado ya se han escuchado epítetos de “hampones” hacia viejos sindicalistas como el petrolero Romero Deschamps, pero la verdadera batalla se desarrolla en el seno de las viejas centrales como la CTM o la CROC y la disputa por control de los contratos. La nueva CATEM, que encabeza Haces, busca hacerse de los sindicatos de industria y servicios, a excepción de empresas públicas como CFE y Pemex, aunque invita a sus liderazgos debían jubilarse. Mientras que Gómez Urrutia va por una nueva Conferencia Internacional de Trabajadores y muestra su poder en conflictos laborales como los de la siderúrgicas del norte del país.
El sindicalismo no participó en la democratización del país y hoy su mayor descrédito es la falta de credibilidad para los propios trabajadores. La reforma es una oportunidad para revertirlo si no se pierde en la vendeta de grupos por el poder sindical.
https://www.excelsior.com.mx/opinion/jose-buendia-hegewisch/adios-a-la-pax-sindical/1299066