*El viernes humo blanco en CCE, elegirán a Salazar y 27 de febrero asunción; por 3º año caerá venta de camiones y 5.5% en 2019; Sampaio también en Sanofi Pasteur
Alberto Aguilar / Nombres, Nombres, Nombres / Heraldo de México
POR ALBERTO AGUILAR ENERO 15, 2019
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EN EL CONTEXTO de las versiones vinculadas con respecto a posibles cambios en la dirigencia del sindicato petrolero a cargo de Carlos Romero Deschamps, ya está en curso una reforma de fondo a la Ley Federal del Trabajo, justo para erradicar los sindicatos de protección tan útiles para el gobierno y las empresas en los últimos años.
Más allá del derrotero que pueda tener el desprestigiado dirigente del STPRM, la intención el gobierno de Andrés Manuel López Obrador es modificar el andamiaje legal que se utilizó en los últimos años para que la sobrevivencia de ese tipo de agrupaciones sea imposible.
Para ello el 22 de diciembre ya se publicó una iniciativa con cambios a la Ley Federal del Trabajo que se estima será aprobada sin dificultades en el próximo periodo de sesiones del Congreso.
Elaborada por la Secretaría del Trabajo que lleva Luisa María Alcalde, será apenas la tercera modificación a esa legislación desde 1970. La primera fue en 2012, sin tocar el tema de negociación colectiva, que ahora es el fondo, y la segunda en 2017.
Este es un asunto que sigue de cerca la IP vía el CCE de Juan Pablo Castañón, otros de sus organismos así como expertos.
Recordará que la ratificación del convenio 98 de la OIT por el Senado en septiembre causó agrias críticas, pese a que va en la dirección de acabar con los “sindicatos charros” en pro de una libertad de asociación.
Amén de la voluntad del actual gobierno de ir por dicho camino, la propia presión internacional contra el actual esquema laboral mexicano se ha hecho patente.
Primero en la negociación del TPP con un capítulo 19 orientado a garantizar la libertad de asociación, de negociación colectiva y de mejoramiento a justicia laboral del que surgió la reforma del 2017, cuya ley secundaria está pendiente.
Luego también en el TLCAN. Ahí EU y Canadá obligaron a México a ceñirse a un anexo con obligaciones puntuales para romper el actual estatus de contención salarial y que catalogan como “dumping”.
La prisa por publicar la iniciativa de ley laboral antes del 31 de diciembre responde a un compromiso expreso.
Las recientes alzas al salario mínimo van en la misma dirección, más allá del desfase que ya se dio con los “salarios mínimos profesionales” factor que presionará la inflación con los ajustes próximos en las negociaciones colectivas.
Es indudable que se requieren aumentar las remuneraciones, pero debe realizarse con cautela para no regresar a los 80´s. El abogado experto Oscar de la Vega dice que entonces “los salarios subían por la escalera y los precios por el elevador”.
Como parte de los cambios a la ley, los trabajadores podrán asociarse al sindicato sólo de manera voluntaria. Ya no existirán las cláusulas de exclusión como las que validan al STPRM, entre otros. En ese sentido deberán reinventarse esas agrupaciones.
También acabarán los contratos de protección que utilizaron las empresas contra los chantajes de huelga injustificados y los eternos estadios de prehuelga, para que esta figura se ajuste a la realidad de los trabajadores.
Se va a regresar a una actividad más acelerada de estos movimientos con tribunales de conciliación que deben renovarse conforme a los cambios de ley.
La IP ya se prepara a esta otra arista de cambios en la escena económica, lo que agrega incertidumbre en detrimento de la inversión.
Etiqueta: Sindicato Petrolero
Los caciques sindicales caminan felices por la vida
24/10/2018
MANUEL FUENTES
Las reformas que vienen deben considerar normar los procesos electorales para que impere la equidad y transparencia entre los contendientes. | Manuel Fuentes
PERFIL
Las recientes elecciones en 11 de las 36 secciones sindicales del Sindicato Petrolero dejan al desnudo el débil andamiaje que tienen las estructuras de la democracia sindical en México, además de evidenciarse que el voto secreto, por sí solo, no es suficiente para lograr la participación libre de los trabajadores sindicalizados en los procesos de cambio de dirigentes.
¿Qué hace falta para lograrlo? No basta la buena voluntad de ratificar el Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que protege la libertad de sindicación y de negociación colectiva. Tampoco la ratificación del Convenio 87 del OIT (incorporado a nuestra legislación desde el 1º de abril de 1950) que se enfoca en proteger la libertad sindical en todas sus formas.
Tampoco es suficiente la reforma al artículo 123 Constitucional del febrero 24 de 2017 que reconoció por primera vez, después de 100 años de existencia el voto secreto. ¿Qué hace falta entonces?
Los caciques como un fenómeno sindical
Las direcciones sindicales, que tienen caciques a la cabeza, desdeñan la voluntad de los trabajadores, para ellos son masas y objetos como cualquiera.
Son camarillas que controlan a su antojo los bienes y dineros sindicales, los procesos electorales y hasta las voluntades de los trabajadores, bajo la amenaza de mandarlos a la calle, con una simple petición al patrón para que no se les recontrate o se les separe con cualquier pretexto o se les suspende en sus derechos sindicales o se les destituye sin juicio previo. A la par se valen de amenazas, golpes y hasta de asesinatos.
En ocasiones los caciques sindicales llegan a controlar las instituciones en las que mantienen relaciones laborales sus agremiados. El patrón o los funcionarios actúan como empleados del cacique, acatan sus órdenes y hasta solapan todas sus fechorías. Se llegan a convertir en socios y uno y otro se encubre. Controlan con personal de confianza del cacique las áreas de Recursos Humanos, Finanzas compras, vigilancia y otras donde les genere recursos y control.
Los caciques sindicales son seres felices. Tienen amigos por doquier por los favores que reparte. Son o se sienten dueños de plazas de trabajo, de mejoras salariales y de jugosas licencias de tiempo completo con sueldo y prestaciones sin límite. Tienen cientos de compadres y reciben muchos abrazos día a día por el poder que comparten.
Cuando vienen las elecciones un equipo de confianza pone todo a su servicio. Se preparan firmas con anticipación, se simulan asambleas y se presentan las notificaciones a las autoridades laborales para que todo transite sin problema. Obtienen la Toma de Nota, hasta con muchos meses de anticipación de su proceso electoral. Es el mundo feliz.
En los procesos electorales preparan con toda anticipación, con la planilla a modo del cacique, todos los requisitos que puedan cumplir sus incondicionales para presentar su documentación apenas se inicie el registro sin problema alguno.
Por el contrario, a sus opositores les ponen sin fin de requisitos para obstruir su registro. Les dan pocas horas para que cumplan con todos ellos. Les exigen papeles, constancias certificadas o notariadas, cientos o miles de firmas que sólo se pueden recabar en varios días, que sean presentadas en tamaño oficio o carta y otras sandeces.
En el periodo siguiente, los representantes del cacique cambian las reglas para siempre tener el control, con facultades plenipotenciarias, para que a su antojo registre o no a las planillas opositoras.
En el caso del sindicato petrolero en nueve secciones, de las once, quedaron inscritas planillas únicas, las del cacique por supuesto.
Reformas laborales
Las reformas que vienen deben considerar normar los procesos electorales para que impere la equidad y transparencia entre los contendientes, los tiempos de registros; requisitos que sean los previstos en los estatutos únicamente y no los que saquen del sombrero del mago cada año los comités electorales.
Que impere y se reconozca el voto directo (aún no previsto) y secreto en todos los procesos sindicales y que éste sea intransferible.
No basta, como se impuso en la última reforma al artículo 123 constitucional de febrero de 2017, el voto personal, libre y secreto, en una democracia sindical que aún no llega.
Por lo pronto los caciques sindicales caminan felices por la vida.