
El sindicalismo corrupto que engendró y amantó el PRI durante décadas y tolero el PAN durante la llamada “Docena trágica”, podría verse amenazado por los sindicatos – también corruptos- de Estados Unidos.
No, no fue Napoleón Gómez Urrutia, ni el extinto, sindicalmente hablando, Carlos Romero Deschamps, ni otros líderes de esa calaña quienes lanzaron esa advertencia. Fue el dirigente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar Lomelín, quien hizo tal descubrimiento al declarar: “Hemos intentado, junto con los trabajadores, buscar fórmulas para prevenir cualquier amenaza que puedan tener sindicatos extranjeros, porque lo que a veces se quiere no es buscar el beneficio de los sindicatos , sino quitarnos nuestra competitividad , nuestros trabajos, y al final hacer que los empleos que estamos generando en México se regresen a Estados Unidos y Canadá”.
No se atrevió a ponerle nombre a esos sindicatos, pero sólo de imaginar que podemos tener en México a los sucesores de Jimmy Hoffa (líder de los camioneros en Estados Unidos con un negro historial), a cualquiera le dan calambres.
Parece que la preocupación del señor Salazar es que los inspectores, agregados, panelistas laborales que tendrá Estados Unidos en nuestro país para supervisar que se cumpla al pie de la letra la Reforma Laboral, como fue el compromiso en el nuevo T-MEC, no nos “madruguen” los empleos.
¿Y por qué no hizo esa advertencia durante las negociaciones? Habría que preguntarle. Tal vez porque no se imaginó el alcance de los compromisos, apuntan los observadores; sólo le hicieron saber a la sociedad que habría transparencia y democracia sindical porque las elecciones serían libres; tampoco habría reparto de dádivas por votos; que se acabaría el saqueo de cuotas sindicales.
Y ahora que los sindicatos estadunidenses están “enseñando el cobre”, denuncia. ¡Ay, Carlos!
Luis Soto 05/08/20