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Por Dario Celis
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador tendrá la mesa puesta en el Poder Legislativo para tirar a la basura las reformas estructurales de Enrique Peña Nieto, pero también los parches que los diputados y los senadores hicieron a la Ley Federal del Trabajo.
El único contrapeso real que tendrá el nuevo gobierno no serán por supuesto los sindicatos; tampoco los partidos políticos; vamos, ni si siquiera los organismos empresariales. Ya no digamos la llamada “mafia del poder” aglutinada en el Consejo Mexicano de Negocios, que cabildea Zimat, de Martha Mejía.
El contrapeso real vendrá del exterior, de los negociadores de Estados Unidos y Canadá en el Tratado de Libre Comercio, de la Organización Internacional del Trabajo, o incluso de las empresas instaladas en México, las cuales requieren flexibilidad para operar y ser más productivas y competitivas.
A partir del próximo 1 de septiembre el dilema de López Obrador y sus mayorías en las cámaras de diputados y senadores será: o bien operan con las leyes como están moviendo las aguas lo menos que se pueda, o proponen y aprueban una nueva Ley Federal del Trabajo (LFT).
Y es que la LFT permaneció durante casi 40 años sin tener cambios significativos y fue hasta fines de 2012, ya durante el gobierno de Enrique Peña, que se modificó para incluir la figura de subcontratación (outsourcing) y limitar el pago de los salarios caídos en los juicios individuales.
Posteriormente, fue presentada una reforma constitucional a los artículos 107 y 123, la cual se aprobó en febrero de 2017, y en la cual se determinó que la justicia laboral dejara de estar en manos del Ejecutivo (federal y local) y se eliminaran las Juntas de Conciliación y Arbitraje.
De igual forma, que se adoptara la figura de juez laboral y se crearan los centros de conciliación estatales y un organismo descentralizado al que le corresponde el registro de todos los sindicatos, así como los contratos colectivos.
Asimismo, se instituiría el voto personal libre y secreto de los trabajadores para la elección de sus dirigentes; y el requisito de que, para estallar una huelga en demanda de la firma de un contrato, se exigiría que el sindicato tuviera la anuencia de la mayoría de los trabajadores afectados.
Derivada de este cambio constitucional, los senadores priistas Isaías González, de la CROC, y Tereso Medina, de la CTM, promovieron la adecuación de la LFT en diciembre pasado, pero ésta no ha sido votada aún.
Ahora todo indica que Morena tendrá la mayoría en las cámaras del Congreso, lo que le otorgará el poder para aprobar cambios a las leyes aunque, tratándose de la Constitución, le faltarían alrededor de 20 diputados y 20 senadores y la aprobación de al menos 17 congresos locales. Preocupa que México no siga adelante con su proceso de ser más productivo y por tanto poder competir mejor a nivel mundial.
Etiqueta: flexibilidad
Día del Trabajo Discursos para la basura

01/05/2018
Es ahora en Los Pinos, en la casa del Presidente de la República, en la que se conmemora el primero de mayo y solo para los de cuello blanco y con invitación especial se puede traspasar en ese palacete, llena de guardias.
Esta vez tuvo un lugar especial Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), para hablar en nombre de los de su clase, y Roberto Campa, recién estrenado secretario de Trabajo y Previsión Social, para hablar en nombre de los de arriba, quienes hicieron un llamado a los legisladores para que aprueben las leyes secundarias de la reforma del artículo 123 constitucional, necesarias, dicen ellos, para implementar cambios que impulsen una mayor generación de empleos (¿?).
Trabajadores desechables
¿A qué clase de empleos se refieren?
¿Los que se han creado con las empresas outsourcing?
¿Los que dan de alta y de baja a cuanto obrero contratan?
Hasta cuatro o cinco veces al año como si fueran nuevos empleos.
¿De qué generación de empleos hablan estos señores?
¿De los empleos basura?
¿De los contratos de desecho, de los de «úsese y tírese?
¿Día del Trabajo?
Enrique Peña Nieto dijo en la ceremonia del primero de mayo que en su periodo presidencial se han creado 3.6 millones de empleos de acuerdo con datos del IMSS ¿a quién piensan engañar?
Un mismo trabajador que es dado de baja y de alta varias veces en un año no debe contar como generación de un nuevo empleo.
Dicen que las reformas laborales son necesarias para generar nuevos y más empleos, pero no pueden ser a costa de la miseria de los propios trabajadores.
Las reformas laborales solo pretenden mayor flexibilidad, que consisten en lograr el libre despido sin ninguna cortapisa, sin pago de indemnizaciones, para como dicen los sectores empresariales, estar en los niveles de los países más desarrollados del orbe.
Acabar con todo resquicio de estabilidad en el empleo, es volatilizar las relaciones laborales para convertir todos los contratos de planta en empleos temporales. Para despedir a un trabajador sin justificar ninguna razón, ni ante la autoridad, ni ante el trabajador. Convertir los contratos en temporales para el esquema laboral que se quiere imponer, es para eternizar los salarios bajos.
¿Salario digno?
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) afirma que los salarios se han estancado en los últimos 25 años y que en 2016 el ingreso mensual de cada mexicano fue de 3 mil 733 pesos ($124.43 pesos diarios) y que de 1992 a esa fecha ha implicado un crecimiento del promedio anual del ingreso por habitante de apenas el 0.2 por ciento.
Para la Coneval la causa de la parálisis salarial es la baja productividad del país generada por la baja calidad en la educación, la insuficiente inversión en infraestructura, el bajo avance tecnológico y la estructura dual de la seguridad social.
En Los Pinos se festina que el salario mínimo general tuvo un incremento de 18.4 por ciento desde el año de 2012 (año en que empezaron las llamadas reformas estructurales) y ahora alcanza la envidiable cantidad de $88.36 diarios, cifra que está por debajo de lo que llaman «la línea de bienestar» ¿tenemos que ponernos de pie para celebrarlo? Es una burla inaceptable su celebración.
No dicen los voceros presidenciales que justo en el último año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, el salario mínimo se ha colocado como el peor de América Latina y soportamos una tasa anual de inflación de 8.96 por ciento, la más alta desde el año de 2001. ¿Por qué no explican cómo van a detener la escalada de altos precios y bajos salarios?
Por allí estaba en «la celebración» de Los Pinos, Carlos del Olmo, líder cetemista, que anunció «la muerte» de la contrarreforma laboral, promovida por los propios senadores sindicalistas de la CROC y de la CTM, pero iniciativa que no la han retirado por escrito, por orgullo propio.
Nada que celebrar
Allí sigue la iniciativa de papel propuesta por la vanguardia priísta, como puntilla en contra de la clase obrera, en el cofre más codiciado, en el lugar mejor guardado del Senado de la República, que ahora promueve «una consulta» (¿?) de tan solo dos meses, precisamente antes de las elecciones. ¿Consultar o aparentar consultar? ¿Consultar al vapor para después imponer la iniciativa gubernamental patronal pasadas las elecciones?
Porque no dieron respuesta a tantas demandas de trabajadoras y trabajadores que se enfrentan todos los días a condiciones de trabajo miserables. Seguro porque no les importa.
¿Cuándo dará respuesta este gobierno a las trabajadoras del hogar para que se ratifique el Convenio 189 de la OIT? ¿Cuándo se dará el cambio legislativo en la ley del seguro social para que se les reconozca como trabajadoras?
Todos ellos, los que festinaron en los Pinos, los de cuello blanco, debieron acercarse a los trabajadores que marcharon en las principales ciudades del país este primero de mayo y preguntarles si había algo que celebrar. Seguro les hubiera dado vergüenza dar esos discursos en los que nadie cree, que solo sirven para la basura.
@Manuel_FuentesM | @OpinionLSR | @lasillarota
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