La nueva reforma laboral y los sindicatos


“Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”
San Agustín
Por Juan Manuel Hernández Niebla
22 de Mayo
La Reforma Laboral recientemente aprobada  se convertirá en un parteaguas en las relaciones obrero patronales y la modernización de la justicia laboral en México, estando aún pendientes sus leyes secundarias.
Dentro de los grandes cambios están la desaparición de las juntas locales de conciliación actualmente responsabilidad de los gobernadores, pasando sus funciones al poder judicial bajo el esquema de juicios orales.
Pero quizá la parte más importante está en la reforma sindical, donde la realidad actual dista mucho de cumplir el objetivo de proteger al trabajador en sus sueldos y condiciones de trabajo, habiendo dado pauta para la creación de líderes “charros” y corruptos.
La nueva reforma permitirá que cada trabajador elija de manera individual, libre, secreta, y directa el sindicato de su elección, sus líderes y contratos, eliminando las votaciones a mano alzada.
Igualmente, obliga a las dirigencias sindicales a rendir cuentas sobre el manejo financieros de los fondos recibidos.
Actualmente, existen aproximadamente 3,800 sindicatos registrados. Sin embargo, la mayoría de ellos no atienden correctamente las necesidades e inquietudes de los trabajadores, convirtiéndose más en contratos de protección, o sindicatos “blancos”.
Con cierta razón, las empresas justifican su necesidad porque ante la ausencia del mismo, cualquier sindicato puede emplazar a huelga, más por intento de extorsión que por verdadera representación obrera.
Pero más allá de los posibles logros sindicales, el verdadero motivo de la nueva reforma se dio como resultado de las presiones del gobierno de EU para la aprobación del nuevo TLC, conocido como TMEC.
En ese sentido, y según argumentos de los sindicatos norteamericanos, la mano de obra barata ha sido la principal estrategia económica de México desde los inicios del TLC, para las exportaciones a EU.
Según sus argumentos, muchas empresas estadounidenses han aprovechado la fuerza laboral mexicana para crear una competencia desleal para los trabajadores norteamericanos, generando una brecha salarial que se ha convertido en un punto de discordia entre los dos países.
Según estudio de la OECD, México tiene el último lugar en la participación de la economía correspondiente a los sueldos  de sus trabajadores, pero el primer lugar en la participación de las utilidades empresariales.
Durante su campaña, el Presidente López Obrador prometió una distribución más justa de los ingresos, arrancando 2019 con un incremento del 17% al salario mínimo general, y un 100% al salario mínimo en la frontera.
Sin embargo, la visión del Presidente vislumbra una economía impulsada más por la economía interna que por las exportaciones, colocando a todos los actores en una encrucijada, en el entendido de que el 90% de las empresas del país son micros y medianas (MYPIMES).
En ese sentido, ¿Cuántas MYPIMES en el país están sindicalizadas? ¿Cuántas tienen las estructuras administrativas para manejar la complejidad de un sindicato? ¿Cuántas de estas entidades contratan empleados en la economía formal?
El problema es ciertamente complejo. Los beneficios de la Reforma Laboral podrán ser medidos si genera más empleo formal, mejores sueldos, y es implementada de manera clara y transparente.
En el inter, se tendrá que poner un especial cuidado a la paz laboral, para que la Reforma no resulte contraproducente y termine convirtiéndose en un inhibidor del empleo formal.
*- El autor es Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Estado

https://www.elimparcial.com/tijuana/columnas/La-nueva-reforma-laboral-y-los-sindicatos-20190522-0015.html

El futuro de los trabajadores


Napoleón Gómez Urrutia
Durante la presente semana se están celebrando tres reuniones internacionales de las mayores organizaciones que representan a los trabajadores del mundo, así como de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), conocido como el Foro de París, con el objeto de analizar y discutir cuáles son los elementos y factores que afectan las condiciones de vida, la democracia, la libertad y la justicia laboral. Es decir, en todas ellas está a discusión lo que sucede actualmente en las relaciones productivas, la competencia, el desarrollo de la tecnología y cómo toda esta situación afectará el futuro de la clase trabajadora y de los países.
No cabe duda que en la actualidad existen numerosos factores que están incidiendo en la economía global, entre otros, la guerra comercial entre las dos mayores economías, Estados Unidos y China. También, la incertidumbre con respecto al proceso de integración de la Comunidad Económica Europea y la indefinición sobre el Brexit, que ha mantenido diversas inversiones en suspenso.
Asimismo, está bajo consideración el grado de influencia que sobre la estabilidad mundial provocan las continuas tensiones geopolíticas regionales, como la situación interna de Venezuela, las corrientes de migrantes de Centroamérica y de los refugiados a través de las fronteras, así como la posición de Estados Unidos en estos temas y los conflictos entre algunos países, como India y Pakistán, que son fuertemente alimentados por los gobiernos de derecha. Finalmente, la desaceleración del crecimiento en China y en todos los países integrantes del Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) también está generando inquietudes e incertidumbre.
En estos días, mi participación más activa ha sido en la reunión del comité ejecutivo internacional de IndustriALL Global Union, que representa a más de 55 millones de afiliados, como el único mexicano que representa a nuestro país en este importante foro. Los estudios, el análisis y la interpretación de la realidad actual radican en que “los problemas económicos son a la vez la causa y el resultado de la concentración de la riqueza y el poder en manos de unos pocos. La avaricia corporativa, aunada a la débil legislación y reglamentación y a los gobiernos débiles o cómplices, explica los múltiples casos de violaciones de los derechos de los trabajadores, los salarios escandalosa y abusivamente bajos y la precariedad de las condiciones de trabajo”.
Adicionalmente, los cambios en las políticas energéticas de muchas naciones y sin duda la evolución acelerada de la tecnología, conocida ya más claramente como la Cuarta Revolución Industrial, están poniendo fuertes retos a las estrategias de ocupación, la generación de nuevas oportunidades y en general al futuro del mundo del trabajo en su perspectiva inevitable de promover un nuevo modelo de desarrollo económico que supere las actuales situaciones de desigualdad social y de injusticia.
Lo urgente será establecer y poner en marcha un plan de acción con compromisos específicos para la modernización de las estructuras laborales hacia nuevos objetivos de equilibrio y justicia social y analizar la posibilidad de crear un programa de conciliación y arbitraje en el sector laboral internacional. En este proyecto podrían celebrarse consultas con los sindicatos, abogados, académicos, compañías y otros más para promover esas nuevas acciones. Esto requiere estudiar los mecanismos objetivos y justos de arbitraje para desarrollar esa nueva propuesta, entre los que se deben incluir las instituciones económicas mundiales que mantienen en atraso las relaciones de trabajo tanto en lo externo como en lo nacional.
En enero, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó el informe de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo para conmemorar 100 años de su fundación, a celebrarse en la reunión de junio de 2019. La esencia de este plan es buscar varios objetivos simultáneamente, tanto para irse adentrando como adaptando a las nuevas condiciones futuras del mundo laboral.
De aquí en adelante será necesario adoptar la reconversión profesional y el aprendizaje permanente en ambos casos en la perspectiva de las nuevas tecnologías, así como definir el tiempo necesario para el trabajo que abrirán esas nuevas condiciones, lo mismo que apoyarse en la soberanía de las naciones para utilizar mejor los recursos disponibles, el establecimiento de una garantía laboral universal, la libertad sindical y la auténtica contratación colectiva, así como toda una serie de recomendaciones sobre políticas públicas y reglamentos modernos para impulsar y renovar la democracia sindical y la justicia laboral.
Con todo y sus limitaciones, esta será una buena base para las decisiones que podrían incidir positivamente en la próxima declaración de la OIT que se aprobará en Ginebra, Suiza, en junio próximo, con motivo del centenario de esta trascendente organización.

https://www.jornada.com.mx/2019/05/23/opinion/014a1pol

Empleos: pocos y malos


Saúl Escobar Toledo
22 mayo, 2019 5:17 am
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) acaban de publicar su informe 2018 sobre el empleo en América Latina y el Caribe. Los resultados no son muy positivos. Dos asuntos preocupan fundamentalmente: el primero, que, en el pasado reciente la región ha enfrentado una situación económica de bajo crecimiento.  De esta manera, el aumento de la demanda por una ocupación remunerada tuvo como respuesta un incremento del trabajo informal. Ello, dice el informe, representa un retroceso en la región respecto al avance que se había observado hasta más o menos el año 2010.
El aumento de la informalidad ha afectado sobre todo a las mujeres pues éstas se han incorporado en mayor número al mercado laboral, pero tuvieron que aceptar puestos de mala calidad. Por su parte, los hombres, frente a la falta de empleos asalariados, respondieron de manera distinta. Una parte de ellos, los más jóvenes, decidieron alargar su permanencia en los sistemas educativos. Los de mayor edad, en cambio, simplemente renuncian a seguir buscando un empleo. Ello, a su vez, ha creado mayores desigualdades entre los géneros.
Se crea así una dinámica perversa: un ritmo económico menor lleva a una caída en la oferta de puestos asalariados y consecuentemente a una mayor necesidad de completar el ingreso para las familias, lo que a su vez conduce a las mujeres a aceptar ocupaciones de baja remuneración y sin protección social.
No hay duda, dice el informe, que existe una estrecha correlación entre la tasa de ocupación y el crecimiento económico. Tal cosa se muestra con claridad entre 2010 y 2016, período en el que el empleo asalariado se expandió a un menor ritmo que el trabajo informal. Aunque los números han mejorado un poco en los años recientes, ello no ha sido suficiente para alcanzar los niveles anteriores.  Además, fue un fenómeno que se observó de manera bastante generalizada: de los 14 países estudiados, sólo en tres creció más rápidamente el número de puestos asalariados.
Se observó, asimismo, que el mayor dinamismo del empleo se ubicó en el sector terciario. Particularmente, los servicios comunales, sociales y personales; el comercio; y los restaurantes y hoteles. La manufactura se contrajo cuatro años seguidos, entre 2012 y 2016 y apenas está repuntando levemente. Desafortunadamente, el trabajo sin protección prolifera más fácilmente en los servicios que en la industria.
Ahora bien, el documento señala que el aumento de la informalidad laboral no sólo obedece a la caída en la generación de empleos asalariados, sino también a las estrategias de las empresas para reducir costos. En lugar de ofrecer plazas estables y protegidas por la seguridad social, optan por diversas formas de contratación que evaden estas responsabilidades.
Desde hace muchos años, se conocen diversas modalidades de empleo que ignoran los derechos laborales. Por ejemplo, el trabajo a domicilio (principalmente para la elaboración de prendas de vestir); el reclutamiento de jornaleros rurales sin contratos escritos; y el trabajo asalariado doméstico no reconocido como tal. En algunos países, se ha tratado de reglamentar estas ocupaciones, pero sin grandes resultados prácticos. En otros, simplemente se les ha ignorado, como si se tratara de trabajadores invisibles.
A estas viejas formas de informalidad laboral, hay que agregar ahora nuevos fenómenos derivados de la tecnología, particularmente aquellos que tienen que ver con el uso del internet, las llamadas plataformas digitales. Estamos hablando por una parte del trabajo a distancia, por ejemplo, una empresa que contrata el servicio específico de una persona para realizar una tarea, digamos el diseño de un plano de ingeniería. A veces, una vez realizado el pago, termina la comunicación entre ambos. Pero en otras, la relación es frecuente e intensa y entonces surge la interrogante: ¿se trata de un trabajo que debería considerarse como subordinado bajo la responsabilidad de la empresa contratante y que por lo tanto genera derechos para el trabajador? En estos casos se habla ya de la existencia de jornaleros digitales.
En lo que concierne al uso de las plataformas, se trata de diferentes modalidades que oscurecen la relación entre la empresa y el trabajador y que no permite distinguir con nitidez el trabajo asalariado del independiente. La contratación mediante plataformas digitales se ha extendido muy rápidamente en varias partes del mundo: Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia. En las regiones angloparlantes, a este tipo de trabajo se le ha llamado economía gig.  En la región latinoamericana y caribeña avanza más lentamente, pero se le puede reconocer ya abiertamente.
Estas plataformas digitales abarcan una gran diversidad de servicios como el transporte de pasajeros (taxis) y el reparto de comida a domicilio. Empresas como Uber y Cabify proporcionan a sus clientes una red de transporte mediante una plataforma virtual que se conecta por internet y que está disponible en teléfonos celulares. Otras como Cornershop, Ubereats y muchas otras, se dedican a la compra, recolección y envío de pedidos a través de repartidores, mediante mecanismos similares.
Aunque las formas de relación entre el cliente final, el trabajador y la empresa son diversas, en muchas ocasiones se ha probado que esta última exige ciertas calidades del empleado, le impone un ritmo y la forma de trabajo, y que la retribución se fija unilateralmente en función de las tareas desempeñadas sin mediar negociación. Igualmente, se pudo apreciar que los trabajadores no están protegidos por la seguridad social ni tiene posibilidades de asociarse entre ellos. Los estudios realizados indican que, frecuentemente, existe una relación subordinada entre el trabajador y la empresa, aunque formalmente se oculte o se le pierda la pista debido a que es el cliente final el que, mediante el internet, solicita el servicio.
En síntesis, el avance de la tecnología no ha redundado en una mejoría de la calidad del empleo, sino como hemos visto en formas de contratación vulnerables. Por ello, la OIT y la CEPAL recomiendan el estudio de estas tendencias más recientes para elaborar una legislación adecuada, una regulación factible por las autoridades, y el diálogo social mediante el respeto la libre asociación de los trabajadores.
México no ha sido la excepción en el panorama descrito por la CEPAL-OIT. Aquí también hemos tenido un crecimiento muy bajo, una oferta insuficiente de empleos asalariados y una informalidad que afecta a más del 50 por ciento de los trabajadores ocupados. Asimismo, se observan fenómenos como la subcontratación y la oferta de servicios por medio de plataformas digitales.
Aún es muy temprano para evaluar las perspectivas del empleo en el actual sexenio. Tendremos que ver, durante los próximos meses y años, cómo afecta el panorama laboral asuntos tan novedosos como las reformas a la Ley Federal del Trabajo, el programa de capacitación para jóvenes, y en general las políticas adoptadas por el gobierno para alentar el crecimiento económico y abatir la pobreza.
Sin embargo, las conclusiones del documento que comentamos son muy claras: se requiere de manera indispensable acelerar la economía para aumentar la oferta de empleos; pero también es necesario continuar con el fortalecimiento de las leyes y las instituciones laborales para combatir las diversas formas de contratación que vulneran los derechos básicos de los trabajadores. Entre otras, la subcontratación para evadir el pago de prestaciones y la seguridad social, y la situación de los trabajadores rurales y domésticos. Ahora, adicionalmente, se tendrá que investigar el uso de las plataformas digitales sobre todo en aquellos casos en que existe una relación subordinada del trabajador hacia la empresa.
La construcción de un país más justo requiere estos esfuerzos. No podemos conformarnos con un panorama que ofrece pocos empleos y de mala calidad.

saulescobar.blogspot.com
https://suracapulco.mx/2019/05/22/empleos-pocos-y-malos/

De reformas laborales


Por José Guadalupe Estrada
martes 21 de mayo de 2019
El primero de mayo de los corrientes se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto que reforma la Ley Federal del Trabajo, formalizándose lo que se conoce como la Novísima Reforma Laboral, la cual ha sido cacaraqueada como un logro más a favor de la clase trabajadora y como un parangón de excelsa justicia y que nos va a llevar a situarnos como un país donde se vive plenamente un estado de Derecho en pro de los asalariados nacionales. Así se ha dicho.
El contenido de esta modificación legal, se puede resumir en los siguientes puntos: se establecen los tribunales laborales, en lugar de las odiosas y odiadas juntas de conciliación y arbitraje, con lo que se pasa al poder judicial la facultad para resolver los conflictos laborales; se establecen los llamados “juicios orales laborales”, con todas las características técnicas de estos procedimientos jurisdiccionales; se crea una unidad de peritos judiciales; se estable la obligación del Estado de proporcionar asesoría jurídica laboral en la materia; y se establecen los mecanismos para la contratación del personal que prestará sus servicios en estos tribunales y los plazos para que entren en funciones, que será el 2 de mayo de 2022 para tribunales locales y el 2 de mayo de 2023 para tribunales federales; entre otros aspectos de relevancia.
La reforma laboral que aquí se plantea implica un gran reto para la justicia del país en cuanto a su implementación, pues deberán abrirse una cantidad importante de estas instancias judiciales, tanto a nivel local, como a nivel federal, que tendrán competencia en resolver los conflictos entre trabajadores y patronos. Sólo a nivel federal se calcula que hubo en 2017 alrededor de cien mil juicios, elevándose a la décima o vigésima potencia estos números en el ámbito local.
Cabe añadir que la apertura de un gran número de juzgados de esta índole implica el acondicionamiento, adquisición o renta de un número todavía indeterminado de inmuebles donde habrán de funcionar, la contratación de un grandísimo e indeterminado número de personas, profesionistas, técnicos y auxiliares que vendrán a constituir el material humano necesario para la prestación del servicio judicial que se les está asignado, aunado a los recursos materiales, léase muebles, computadoras, servicios de toda índole (de internet, de limpieza, etcétera), que son indispensables para que este sueño de justicia se lleve a cabo cabalmente.
A mi me hubiese gustado que, junto con las modificaciones legales que se hicieron a la Ley Federal del Trabajo, se hubiese hecho un plan de negocios o mínimo un cálculo presupuestario de lo que costará a la Federación y a cada uno de los Estados del país la implementación de este Novísimo modelo de Justicia Laboral, pues busqué y rebusqué en los antecedentes y en los demás documentos de trabajo relacionados con esta reforma y no existe ni siquiera una estimación vaga de los pesos y centavos que se requerirán para este proyecto.
Esta falta de mínima de planeación y presupuestación es lo que siempre ha sido causa del fracaso de muchísimos proyectos e ideas de gran envergadura en materia de justicia y estado de Derecho, y que se echan a andar sin saber siquiera lo que van a costar. Y para muestra basta el botón de la llamada reforma penal, con sus ideales juicios orales, que ya va para dos décadas de su arranque y todavía siguen existiendo innumerables fallas en su diseño e implementación, y todo porque a nadie se le ocurrió preguntar el monto de los recursos económicos para construir ese andamiaje jurídico propio de países del primer mundo.
Ojalá no pase lo mismo con esta Novísima Reforma Laboral.
https://www.elsoldezacatecas.com.mx/analisis/de-reformas-laborales-3650088.html

Las cuatro centrales obreras

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La reforma laboral promete que habrá transformaciones importantes en la estructura del sindicalismo mexicano y que ahora sí serán democráticos. Sin embargo, hay dudas sobre cómo esta reforma impactará a las grandes centrales obreras.
Por
Rubén Aguilar
21 de mayo, 2019
La reforma laboral recién aprobada genera, de inmediato, una reconfiguración en la organización del sector obrero del país y se abre, en principio, pero habrá que ver, un nuevo espacio de acción para los sindicatos y la posibilidad de la real competencia entre ellos por la titularidad de los contratos.
Ahora en México existen cuatro grandes centrales obreras. Entre ellas se van a disputar las bases sindicales ahora que la asociación es libre y ya no hay sindicatos únicos. Dos de estas centrales están fundadas y encabezadas por quienes ahora son senadores de MORENA. En principio tienen ventaja sobre las otras, pero habrá que estar atentos al desarrollo de cada una de ellas.
La más antigua es la Confederación de Trabajadores de México (CTM) fundada en 1936 y que desde su origen ha sido el brazo sindical del PRI. Cuenta con 4.5 millones de afiliados. A lo largo de 83 años solo ha tenido a seis dirigentes. Ahora la encabeza Carlos Aceves del Olmo (1940) quien milita en el PRI. 
En tres ocasiones ha sido diputado federal y en dos senador. De los cientos de sindicatos que integran la CTM los más importantes son: Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM) y Sindicato Industrial de Trabajadores y Artistas de la Televisión y Radio, Similares y Conexos de la República Mexicana (SITATYR).
Le sigue la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) que se crea en 1997. Desde un inicio su dirigente ha sido Francisco Hernández Juárez (1949), que lleva en el cargo 22 años. Él formalmente milita en el PRD. Ha sido diputado federal. 
En la central participan 200 sindicatos. Los más importantes son el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM), la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA) y el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM).
En 2011 se crea la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) presidida por su fundador Pedro Haces Barba. Nunca ha sido trabajador. Milita en MORENA y es senador suplente de Germán Martínez, ahora director del IMSS. Tiene 700 mil afiliados. Los sindicatos más grandes son el Sindicato Autónomo Nacional de Trabajadores de Seguridad Privada, Vigilancia, Traslado de Valores y Personas y el Sindicato Autónomo Nacional de Trabajadores y Empleados de las Industrias de Hidrocarburos y Energía.
El senador de MORENA Napoleón Gómez Urrutia (1944) funda en 2019 la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), que ahora encabeza. Nunca ha sido trabajador. Cuenta con 150 sindicatos y 190 federaciones. Los sindicatos más importantes son: Sindicato Minero y Sindicato Nacional de Transportes, Transformación, Aviación, Servicios y Similares (SNTTTASS).
La reforma laboral promete que habrá transformaciones importantes en la estructura del sindicalismo mexicano y que ahora sí serán democráticos. Entre los estudios del tema, aunque reconocen como positivos los cambios en la ley, albergan serias dudas la manera que éstos van a tomar forma en cada sindicato y en las grandes centrales obreras. La democracia nunca ha sido un valor en el sindicalismo  mexicano.

@RubenAguilar
https://www.animalpolitico.com/lo-que-quiso-decir/las-cuatro-centrales-obreras/

Distintos sindicatos, el nuevo reto con la reforma laboral


La reforma a la Ley Federal del Trabajo propicia una nueva forma de interacción entre empresas, sindicatos y autoridades, considera Diego González Aguirre.
lun 20 mayo 2019 
 
Diego González Aguirre
Nota del editor: Diego González Aguirre es socio de EY Law – Labor & Employment. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.
(Expansión) – Como resultado de la recién promulgada reforma a la Ley Federal del Trabajo, la dinámica laboral en México da un golpe de timón que llevará a una nueva forma en la interacción entre empresas, empleados, sindicatos y autoridades.
Ante los cambios que la reforma considera en relación con la manera de articular la libertad del empleado para adherirse o no a una organización sindical; la gestión y operación de los propios sindicatos y, sobre todo, las reglas que tales organizaciones de trabajadores deberán seguir en la competencia por la administración de los contratos de trabajo, surge de inmediato la pregunta: ¿qué tanto están las empresas preparadas para adaptarse a ese nuevo entorno?
Desde la perspectiva empresarial, algunos de los mayores retos que deberá afrontar el empleador girarán en torno a la previsible competencia sindical, la cual, sin duda, llevará a las empresas a replantear la estrategia de gestión del talento.
Un efecto previsible en ese rubro pudiera implicar que, entre los propios empleados existan diferencias en cuanto a la idea de negociación, órgano de representación y, sobre todo, en torno a la forma en como consideren que deben participar en la productividad de la empresa. En tal escenario, el empleador tendrá que poseer la habilidad, recursos y estrategia correcta para entablar la conversación con posturas diferentes dentro de su misma estructura de personal.
Otro aspecto a considerar es que hoy, a partir de la reforma, las empresas podrían verse inmersas en un escenario de cambio constante de central obrera legitimada, a fin de conducir la negociación colectiva, esto llevaría a que durante la vigencia del contrato colectivo sea posible que la empresa tenga que sentarse a negociar con sindicatos distintos en diversos momentos. Esto no implica que sea parte de dos o más contratos colectivos diferentes y simultáneos, sino que el sindicato con el cual se negoció el contrato en un primer momento, será sustituido por una organización sindical distinta, siempre y cuando haya logrado el umbral mínimo de representatividad efectiva.
Lee: Los pilares de la reforma laboral: democracia sindical… ¿y mejores salarios?
Conviene destacar que, en materia sindical y de administración de contratos colectivos, la reforma solo introduce cambios que, en principio, deberán ser atendidos por los sindicatos.
El hecho de que los contratos deban ser de cierta forma aprobados por los empleados y que el sindicato necesite contar con el soporte del personal, implica que deberán ser las propias organizaciones sindicales quienes tengan que implementar cambios substanciales en la forma como se comunican y organizan con los empleados.
La empresa, sin embargo, debe adoptar una postura activa para hacer frente a las posibles variaciones de sindicatos y, con ello, posturas de negociación. Por ello, algunas compañías han implementado un conjunto de acciones preventivas que pudieran agruparse de la manera siguiente:
– Reforzar el proceso de cumplimiento laboral para identificar áreas de oportunidad que pudieran escalar y convertirse en desavenencias o inconformidades con los colaboradores.
– Revisar el clausulado del contrato colectivo con el objetivo de determinar aquellas obligaciones o derechos que pudieran generar controversias ante una previsible radicalización en la negociación colectiva.
– Incrementar las acciones de detección y soluciones de problemáticas/inconformidades del personal, así como reforzar mecanismos de diálogo para atender las inquietudes de los colaboradores. Cualquier desavenencia o petición no atendida correcta y oportunamente, puede tener el potencial de escalar y desarrollarse en un conflicto que impacte en la negociación colectiva.
– Analizar las condiciones de mercado e internas en preparación a la revisión del contrato colectivo. La retención del talento como premisa fundamental en el replanteamiento del plan de compensaciones, deberá considerar que los acuerdos obtenidos en el proceso de negociación del contrato, podrán ser el punto de partida por un nuevo sindicato en caso de que se presente el escenario de sustitución de este.
Lee: ¿Por qué buscar el bienestar de los empleados?
Sin duda, el entorno laboral al cual deberán adaptarse las empresas implica cambios substanciales, situación que impone una dinámica de colaboración distinta. El constante monitoreo del clima laboral y la adaptación de los procesos de gestión serán acciones clave para transitar por los nuevos desafíos laborales y capitalizar las oportunidades que de ellos derivan.

https://expansion.mx/opinion/2019/05/20/opinion-distintos-sindicatos-el-nuevo-reto-con-la-reforma-laboral

Cambios en lo laboral

Por Galileo Galilei – 21 mayo, 2019 11
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Twitter: @Congreso_CdMex
LA REFORMA LABORAL SE HIZO PARA IMPARTIR JUSTICIA A LOS TRABAJADORES DE NUESTRO PAÍS.
No cabe duda que el presidente del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje (TFCyA), conoce del tema laboral y por eso donde se presenta es digno de credibilidad y atención de quienes lo escuchan.
Qué mejor que él como impartidor de justicia laboral, para hablar de los recientes cambios a la Ley Federal del Trabajo, que fue la que más consensos obtuvo en el Congreso de la Unión para su aprobación.
Como conocedor en la materia, adelantó que la reforma laboral se hizo para impartir justicia a los trabajadores de nuestro país. El magistrado dio cátedra, al explicar que la estructura para impartir justicia laboral que se creó en nuestro país a través de las juntas de conciliación y arbitraje fueron un “híbrido” construido y copiado por nosotros de algunos sistemas, pero con esta reforma las juntas van a pasar a ser órganos jurisdiccionales, es decir, tribunales donde las partes prácticamente van a ser iguales, no como antes.
Es decir que con los cambios a la LFT, partir de ahora esto representará una carga liberal en los procesos jurisdiccionales en materia de trabajo.
Eso dijo es una cuestión sustantiva en este cambio, el tránsito del Poder Ejecutivo con la representación de los trabajadores y la representación de los empresarios o patronal con la presidencia nombrada por el Poder Ejecutivo administrativamente dependiendo de éste, así eran prácticamente las Juntas de Conciliación de Arbitraje, recoció el magistrado Plácido Humberto Morales Vázquez.
La reformas a la ley laboral, consisten en que ahora habrán tribunales de justicia laboral y lo que se le llama Centros de Conciliación y Registro Laboral como una instancia paraprocesal, o sea, la conciliación va a prevalecer porque hay una idea y así está en la exposición de motivos de la ley, la idea es que prevalezca la fuente de trabajo antes que el litigio, que se llevaba una gran carga de energía y de dinero para el gobierno, para el trabajador, para el patrón. Enhorabuena por el encargado de impartir justicia laboral.

http://diariobasta.com/2019/05/21/cambios-en-lo-laboral/

Nuevos retos y perspectivas del movimiento obrero mexicano


Declaración de la Coordinadora Socialista Revolucionaria
21-05-2019
Rebelión
“El proletariado, para ser capaz de gobernar como clase, debe despojarse de cualquier residuo corporativo, de todo prejuicio o incrustación sindicalista” 
Antonio Gramsci 
La conmemoración del 1 de mayo de 2019 se ha realizado en medio de un proceso de recomposición de la lucha de la clase trabajadora, de nuevos esfuerzos de articulación del sindicalismo independiente y de una reciente reforma laboral que abre importantes oportunidades para enfrentar al charrismo sindical y construir organizaciones sindicales auténticas.
La aplastante derrota electoral de los partidos de la derecha, PRI y PAN -que auspiciaron y protegieron la existencia de un aparto corporativo burocrático que mantuvo oprimida y maniatada a la clase trabajadora a lo largo de casi 80 años-, ha generado mayor confianza en la clase trabajadora para destruir a ese aparato, democratizar sus organizaciones sindicales y alcanzar mejores condiciones de vida y de trabajo. Esa es la razón que explica el histórico triunfo de las 96 huelgas de la maquila en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, a principios de año; del repunte de huelgas del sindicalismo universitario, de disputas por la titularidad de contratos colectivos o la formación de corrientes sindicales disidentes en gremios tan importantes como el petrolero, seguro social, la educación, entre otros.
Después de muchos años de no hacerlo, la plaza del Zócalo de la Ciudad de México se vio nuevamente desbordada por contingentes del sindicalismo independiente de la Nueva Central de Trabajadores (NCT), la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y del Sindicato Minero. Grandes movilizaciones también se realizaron en otras entidades de la república en donde también participaron contingentes de la combativa Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), corriente democrática al interior del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
Ese mismo día fue promulgada una nueva Ley Federal del Trabajo, reglamentaria del artículo 123 constitucional, que contiene medidas progresivas, por lo menos en el papel, que otorga a los trabajadores mayores recursos legales para disputar al charrismo la representación sindical; la obligación del voto universal, directo y secreto; crear nuevas organizaciones sindicales; impedir la formación de sindicatos de protección patronal (blancos); consultar a la base para aprobar la firma de los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT); acceder a su registro público y de las organizaciones sindicales; obligar a los patrones a cotizar al Seguro Social con el salario real de los trabajadores y entregar a cada trabajador ejemplares de los CCT y sus modificaciones, entre otras cosas.
Estos avances son viejas demandas por las cuales ha luchado el sindicalismo independiente desde hace décadas y que ahora son posibles porque están acompañadas de la presión del sindicalismo de Estados Unidos y Canadá para que el capítulo laboral (Anexo 23-A) del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) obligara a México a realizar cambios en materia de justicia laboral y libertad sindical. A esta misma lógica obedece la ratificación, por parte del nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), del Convenio 97 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva.
Para que estos logros no queden en letra muerta, es muy importante que las dirigencias sindicales conozcan el contenido y alcance de esta reforma y elaboren estrategias para impulsar la sindicación de los trabajadores no organizados (casi el 90 por ciento del total de la fuerza de trabajo), disputar al interior o como sindicatos independientes, la representación sindical; unificar en una misma organización democrática e independiente del gobierno, y de cualquier partido político, al conjunto del sindicalismo independiente y democrático. Se ha abierto una coyuntura muy favorable para que la clase trabajadora mexicana alcance su objetivo más preciado y estratégico: enviar al charrismo sindical al basurero de la historia. Lograrlo significará un verdadero golpe mortal al viejo régimen de dominación priista.
Los avances que representa esta reforma no pueden hacernos olvidar, ni por un momento, que aún queda pendiente revertir la reforma neoliberal de 2012 que legalizó la precariedad laboral al reglamentar laxamente el outsourcing; facilitar y abaratar el despido de trabajadores; reducir a un año el derecho a salarios caídos en caso de litigio y establecer el pago por hora; ampliar los contratos temporales a prueba y capacitación y atentar contra la bilateralidad de la relación obrero patronal al permitir acuerdos individuales entre patrones y trabajadores.
Aún reconociendo la bondad de algunas medidas de la política laboral obradorista –agreguemos el aumento a los salarios mínimos nacionales del 16 %, en la frontera norte del 100 %, becas para estudiantes y trabajadores jóvenes, eliminar el carácter punitivo de la evaluación magisterial e impulsar el fortalecimiento de empresas estratégicas como Petróleos Mexicanos (PEMEX) y Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la no represión a movilizaciones sociales-, todavía son insuficientes para confiar en que su gobierno ha emprendido un curso antineoliberal. Menos aun cuando debemos mantener una postura crítica ante las decenas de miles de despidos de empleados públicos ocasionados por la “austeridad republicana”, la intromisión en la vida interna del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), el mantenimiento de un tope a los salarios mínimos y profesionales, su reticencia a dialogar con las direcciones del sindicalismo independiente o dejar en pie aspectos fundamentales de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto.
El movimiento sindical no debe bajar la guardia ante el gobierno de AMLO. Debe mantener en alto reivindicaciones como la de revertir las reformas neoliberales del 2012; recuperar gradualmente la pérdida del 70 por ciento de la capacidad de compra de nuestro salario, producto de 30 años de neoliberalismo; reducir la jornada laboral a 35 horas semanales; regresar al régimen solidario de pensiones y por el control de las organizaciones sindicales de los fondos de pensiones; revertir las reformas neoliberales en materia educativa y energética; aplicar un impuesto progresivo a las grandes fortunas; demandar una auditoria a la deuda pública y desconocer las deudas odiosas.
Es muy importante que el sindicalismo democrático comprenda que se ha abierto una nueva coyuntura, que demanda una exacta comprensión de los cambios políticos acontecidos, para elaborar una nueva estrategia y táctica para emprender la ofensiva en contra del charrismo sindical y fortalecer la auto organización de la clase trabajadora. Es insensato continuar utilizando las mismas formas de lucha ante un gobierno diferente al PRI y al PAN, aunque tampoco haya roto con el neoliberalismo.
Sobre todo, es necesario superar las visiones gremialistas e inmediatistas, tan arraigadas en el conjunto del sindicalismo mexicano, construyendo una visión de clase y de largo plazo, es decir que, sin perder de vista el objetivo de nuestra emancipación total, tengamos la capacidad de pensar políticamente y actuar localmente. Es la capacidad de construir un movimiento que abarque al conjunto de la clase trabajadora –convirtiéndose en el caudillo de una nación oprimida como la nuestra (hegemonía)-, y su aplicación en sus propios espacios, lo que convierte a los gremios en su conjunto en una clase.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=256221

Neo-Corporativismo y Pragmatismo Político contra la Libertad Sindical


Diálogos Ciudadanos
Por: Esteban Ángeles Cerón
19 de Mayo
Para que la reforma laboral reencause una libertad sindical sin cortapisas ni amarres de fondo, se debe ir más allá de un discurso demagógico, que no disfrace desde la legalidad el control de la fuerza corporativa de los sindicatos para ser usados como armas políticas.
El Neo-Corporativismo es un resabio político que al naturalizarse desde el pragmatismo partidista, intentará controlar la libertad sindical y perfilar la nueva reforma laboral como espejismo para que el trabajo asalariado tenga que seguir un rol contemplativo o de comparsa con los patrones de la empresa industrial o del campo.
Efectivamente, siendo la libertad sindical parte fundamental de la reforma laboral, escamotearla presagia que sólo será una medida cosmética que ahondará los problemas que ya presentan las relaciones laborales.
Así las cosas, es pertinente cuestionarse ¿hasta dónde y hasta cuándo el peso del control político neo-corporativista impedirá el progreso de los trabajadores?
La reproducción de un neo-corporativismo que siga ligado a las élites empresariales, al poder sindical y a las marionetas políticas, hará imposible trazar una verdadera Agenda que resignifique las relaciones laborales; concrete las oportunidades de los trabajadores por mejores condiciones salariales y de superación; y detenga los intentos por hacerlos instrumentos o grupos de choque o prebendas del poder para complacer o castigar, condición que en los tiempos modernos muestra la extrema deshumanización en que vive los trabajadores y la urgencia de impedirlo mediante una puntual implementación de las nuevas disposiciones laborales.
Los diálogos que proyecta establecer la reforma en materia de libertad sindical, pretenden democratizar la participación de los trabajadores para rearticular la vida interna de sus organizaciones y transformar las condiciones laborales que deben primar en un país que intenta hacer frente a los retos y exigencias que plantea la producción de bienes y servicios de los sectores público y privado.
En este sentido, es indispensable puntualizar que la industrialización y la transferencia de tecnología, demandan significativas inversiones y refuncionalizar el trabajo frente al capital; proceso de reconversión que impone la necesidad de que la fuerza de trabajo disponga de una legislación de vanguardia.
Hoy, las lógicas internacionales mantienen relaciones horizontales entre el trabajo y el capital, en las que factores como el salario y la formación del tejido obrero resultan fundamentales para entender que su rezago y anquilosamiento, impiden la competitividad internacional y deterioran la calidad de vida de los trabajadores, que requiere fortalecerse en un contexto de justicia, armonía y entendimiento.
Los nuevos lazos políticos y económicos de la globalización plasmados en la reforma del trabajo, inciden en los comportamientos gubernamentales, ya que tanto Estados Unidos como Canadá, vigilarán que México cumpla el compromiso de que las relaciones laborales y sindicales se desarrollen conforme a la ley; y haga que el trabajo sea visto como una función socio-cultural y dimensión científica e intelectual que valore la inserción laboral en el desarrollo humano de nuestra Nación, y no sólo como un ámbito que incumbe a la producción y la productividad industrial y del campo.
Las condiciones procesales de la nueva reforma laboral y su implementación, implican retos mayúsculos para las estructuras institucionales, que deberán hacer posible el cambio de paradigma político y social que plantea la reforma laboral.
En los próximos cuatro años se tienen que revisar miles de contratos colectivos de trabajo que en su mayoría son contratos simulados o de protección; registrar a los sindicatos y expedirles el certificado de reconocimiento de representatividad; sancionar la legalidad de la elección de las dirigencias sindicales mediante el voto libre, secreto, directo y personal; cuidar que la aprobación de los contratos colectivos de trabajo sea mediante el voto de los trabajadores; garantizar que se respete la decisión de los trabajadores de pertenecer o no a un sindicato y que sus cuotas sindicales sean descontadas de su salario si así lo autorizan.
De igual manera, tendrá que desterrarse el control político-económico y la opacidad con que se han manejado los contratos colectivos de trabajo, que si bien garantizaron la paz laboral, lo hicieron afectando los salarios de los trabajadores, que ignoraban todas las condiciones salariales pactadas, mismas que ahora tendrán que aprobarse con la participación y el voto de los trabajadores y hacerse públicas en una plataforma de internet, lo que significa un parteaguas en la vida sindical del país.
Ahora es pertinente preguntarse, ¿cómo se aplicarán las disposiciones constitucionales y legales de la reforma laboral a los sindicatos del Apartado B del Artículo 123 constitucional? Si el T-MEC sólo se refiere a “sindicatos” y no establece distinción entre sindicatos de los Apartados A y B, ¿cómo se aplicará la reforma laboral a los sindicatos de la FSTSE y en particular al SNTE? ¿Cómo garantizará la autoridad la democracia sindical y los derechos de los trabajadores en sindicatos como el de PEMEX o el de la CFE o en los sindicatos universitarios o en el SNTE? ¿A la luz de las disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, se reformará el Reglamento de las Condiciones de Trabajo del SNTE y la Ley Federal de Trabajadores al Servicio del Estado?
Es imperativo dar respuesta a estos cuestionamientos ya que el cambio del sistema político que se precisa, no puede constreñirse a la intención y veleidad de la voluntad gubernamental, que parece decisoria de todo logro nacional, condición quimérica y distante de las verdaderas necesidades sociales y de lo que requiere la competitividad internacional del país.
En este marco laboral, los ciudadanos esperamos que la transformación del país se logre al amparo del nuevo rol de las relaciones entre trabajadores, sindicatos y empresarios, que sea el arquetipo de un país que es capaz de refuncionalizar sus estructuras productivas a través de lógicas de equidad social y de competitividad internacional.
Esta premisa presupone que la reforma laboral incide en el plano de la dignidad y los derechos humanos revalorizando las funciones culturales y cognitivas que deben permear en el desarrollo de los trabajadores.
De no ser así, estaremos maquillando los diálogos sustantivos de la reforma laboral y echando por tierra una vez más, la oportunidad que tenemos de generar el valor agregado del trabajo al desarrollo del país.
Agenda
• El Presidente López Obrador anunció un acuerdo con HSBC, JP Morgan y Mizuho Securities para fortalecer las finanzas de PEMEX, mediante un fondo por 8.000 millones de dólares.
• La crisis ambiental mostró la incompetencia de la Jefa de Gobierno de la CDMX que no supo tomar las medidas para atenuar el impacto de la emisión de contaminantes y evitar daños a la salud.

 
Twitter: @Esteban_Angeles
Facebook: http://facebook.com/estebanangelesc
Blog:
Correo: angelesceron@hotmail.com
https://www.am.com.mx/hidalgo/opinion/Neo-Corporativismo-y-Pragmatismo-Politico-contra-la-Libertad-Sindical-20190519-0025.html

¿Se democratiza el mundo del trabajo?


Después de una larga y muy complicada lucha de más de 25 años, México ha llegado a un nuevo modelo para regular la vida laboral en el país. Es necesario abrir espacios de análisis para ver los cambios de fondo. No es fácil dejar de lado el anecdotario de las mañaneras, la disputa cotidiana que dejan los dichos del presidente con sus antagonistas, su crítica a las organizaciones de la sociedad civil o a los organismos autónomos y el debate sobre los megaproyectos de la 4T. La reforma laboral modificará en los próximos meses y años la vida de millones de trabajadores y de cientos de miles de patrones. La reforma se anunció el pasado 1º de mayo.
El escenario de la reforma laboral abre la posibilidad de cambiar un universo dominado por la simulación, el control y la transa, y empezar a construir otro apegado a un Estado de derecho, con instrumentos democráticos y una mejor impartición de justicia. Antes de entrar en materia, se puede destacar una premisa para valorar este cambio. Detrás de este proceso hay un amplio grupo de actores, de académicos, laboralistas, legisladores, que durante años han insistido en la necesidad de tener una transición, una democratización del trabajo, similar a la que se hizo con el mundo electoral hace décadas. Sin duda, las nuevas reglas nos ubican en el comienzo de este proceso. Por experiencia sabemos que los cambios de reglas no llevan de forma automática a los cambios en la realidad, pero también sabemos que, si no se cuenta con una ingeniería de procesos, mecanismos y liderazgos, es imposible modificar las prácticas.
Las piezas del rompecabezas se fueron colocando para formar el conjunto: un cambio de régimen político fue un detonante básico; el largo trabajo de años para generar consensos; una mayoría en el Congreso; la coyuntura internacional y el cambio del TLCAN al T-MEC. La premisa básica para cambiar las condiciones laborales y mejorar el salario es contar con actores colectivos empoderados que puedan impulsar los avances. Existe un triángulo que servirá de base para un nuevo pacto de regulación en el trabajo: la democratización sindical, la justicia profesional y una base institucional para regular las relaciones entre trabajadores y patrones.
De forma puntual se pueden establecer algunas piezas que pueden cambiar la mala fama y el oscurantismo sindical. El voto personal, libre, secreto y directo será un instrumento poderoso para que los trabajadores puedan elegir a sus sindicatos, a sus liderazgos y puedan sancionar sus contratos de trabajo, nada más, pero nada menos. El esquema de juntas de conciliación y tripartismo será cosa del pasado, porque en su lugar se va a construir un Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, un organismo público descentralizado y con autonomía, que tendrá un carácter transversal en su junta de gobierno que se integrará por cinco miembros: los titulares del Trabajo y de Hacienda, y los titulares de tres órganos autónomos, el INE, el Inai y el Inegi, con lo cual se alimentarán los procesos electorales, la transparencia y la información. También se reformó el Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado para democratizar a este sector, lo cual le da al proceso un carácter de integralidad. Imaginemos en el Apartado B al SNTE y la CNTE en una elección de más de un millón doscientos mil afiliados, o en el Apartado A al sindicato del Seguro Social, con más de 400 mil integrantes.
¿Qué cambios son esperables con la reforma? Puede empezar a desaparecer la extorsión a las empresas con falsas representaciones; terminar con los obstáculos para impedir la democracia sindical y poner fin a la simulación de los contratos colectivos de protección. Sin duda, los cambios más importantes tienen que venir desde abajo, con la organización social y no por decisiones verticales de arriba. La reforma no hará esos cambios, pero sí podrá establecer condiciones para que se modifique la viciada dinámica laboral.
Los programas sociales que impulsa AMLO son ayudas, pero el cambio en la distribución del ingreso que pueda bajar los niveles de pobreza y desigualdad, sólo podrá venir de un nuevo pacto social en el mundo del trabajo…

Twitter: @AzizNassif
Investigador del CIESAS
https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/1049922.se-democratiza-el-mundo-del-trabajo.html