Libertad laboral


24/09/2018
Martí Batres
Despertador
La ratificación en el Senado de la República del Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ocurrida el pasado jueves 20 de septiembre, es un paso histórico que beneficia a los trabajadores y se corresponde con una de las exigencias de Estados Unidos en las recientes renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) consistente en fortalecer la contratación colectiva.
El Convenio 98 fue adoptado en Ginebra, durante la 32 reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT), el 1 de julio de 1949, y entró en vigor el 18 julio 1951. México firmó este convenio en 1956 interponiendo una reserva para mantener la llamada cláusula de exclusión, que permitía despedir del trabajo a los disidentes sindicales. La OIT rechazó dicha reserva por un lado porque estos convenios se aceptan en bloque o se rechazan en bloque, pero también porque la cláusula de exclusión era directamente contraria al espíritu de la libre sindicalización. En este sexenio, el gobierno mexicano eliminó la cláusula de exclusión. Entonces nuestro gobierno volvió a firmar el acuerdo y lo envió al Senado para su ratificación hace tres años.
Sin embargo, se mantuvo en la congeladora. Es decir, México tardó 69 años en incorporarse a este acuerdo y fue la última nación latinoamericana en hacerlo.
La ratificación de este tratado rompe con el corporativismo sindical pues establece que los trabajadores son libres a pertenecer o no a una organización sindical y que su decisión no puede ser motivo para causar el despido. También prohíbe que se condicione la permanencia en el empleo a no pertenecer a una organización sindical. Además, prohíbe la existencia de los llamados sindicatos de protección.
La tradición de control corporativo en México explica por qué nos tardamos tanto en ratificar este acuerdo y lo sucedido esta semana en el Senado encarrila a nuestro país en una ruta de modernización y normalización de las relaciones laborales.
Hay que decir que la ratificación del Convenio 98 no sólo beneficia a los trabajadores. El sector empresarial también resulta favorecido al liberarlo de chantajes y presiones por parte de los llamados sindicatos blancos.
Llama la atención que a pesar de que el presidente Peña Nieto dio los pasos necesarios para su ratificación, la anterior Legislatura condenó el trámite a la congeladora aún cuando cumplió con las consultas requeridas tanto a organizaciones sindicales como la CTM, la CROC y la UNT, así como a organismos empresariales como la Concamin, la Coparmex y el Consejo Coordinador Empresarial y a entidades gubernamentales. Con ello, se cumplió con los requisitos del Convenio 144.
La ratificación de este convenio internacional se da en dos contextos importantes:
Uno, el que llama más la atención, es que forma parte de las exigencias del gobierno norteamericano, el país más capitalista del mundo e insignia del libre mercado. Dos, es que la democracia sindical se presenta como consecuencia del arribo de la democracia política al país. Es decir, vía el libre comercio y el avance político de México se rompe con una de las principales características del Estado autoritario mexicano: el control de los trabajadores.
La noticia causó distintas reacciones. A mi parecer la principal es la de la ONU que saludó esta resolución del Senado y señaló que con esto “el Estado mexicano estará atendiendo las recomendaciones formuladas por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales”.
Si bien esta ratificación no estuvo exenta de resistencias como la de los senadores del PAN que decidieron abandonar el salón de sesiones para no participar en su aprobación y dar un golpe mediático para tapar esta importante decisión, también es cierto que el Convenio 98 de la OIT contó con el apoyo unánime del resto de los partidos que estuvieron presentes en la sesión.
El hecho confirma la vocación transformadora del nuevo Senado. México está cambiando.

http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/marti-batres/libertad-laboral

 

Desplegado del Senador Napoleón Gómez Urrutia


«líderes traidores, encabezados por los senadores Tereso Medina de la CTM e Isaías González Cuevas de la CROC, intentaron sofocar una reforma laboral real con su proyecto de cambios pro empresariales a la Ley Federal de Trabajo en diciembre del año pasado»
Texto publicado en jueves 30 agosto 2018 en el periódico La Jornada
LA AGENDA DE LA CLASE OBRERA MEXICANA
El arrasador triunfo electoral el 1º de julio de Andrés Manuel López Obrador en la justa por la Presidencia de la República, abre camino a una nueva etapa en las relaciones laborales en México, Estados Unidos y Canadá.
Hoy la clase obrera mexicana sufre los malos efectos de décadas de subdesarrollo, producto a su vez de los resultados combinados del corporativismo en las relaciones laborales y del neoliberalismo en la política económica, ya que los intereses de los trabajadores nunca fueron tomados en cuenta en este periodo, sino violentados.
DOS PROCESOS PARA REVERTIR INJUSTICIAS
Actualmente hay dos procesos muy importantes que podrían servir para revertir las injusticias del pasado y mejorar la vida de la clase obrera: la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la reforma de la legislación laboral.
Por un lado, se pretende que en los próximos días se cierre la renegociación del TLCAN, incluyendo el capítulo laboral y un acuerdo sobre las reglas de origen de la industria automotriz. Aún no queda claro cuando se llegará a votar el tema en el Congreso de los Estados Unidos. Aunque Canadá no ha regresado todavía a la mesa de negociación, hay mucha presión de parte de las empresas multinacionales para terminar las negociaciones, y supuestamente conviene a López Obrador que en este gobierno culmine esta renegociación, con la responsabilidad consiguiente.
Además, hay la preocupación de que las empresas petroleras en los EEUU quieran blindarse contra la intención de López Obrador de revertir por lo menos algunos elementos de la reforma energética.
VOTO LIBRE Y SECRETO EN CONTRATOS COLECTIVOS
Tampoco está claro que en el capítulo laboral negociado entre Trump y Peña Nieto se protegerán los intereses y derechos de los trabajadores mexicanos.
Según los informes existentes, el capítulo laboral incluye un asunto muy importante con el que se podrían garantizar los derechos de las y los trabajadores para tener un voto libre, personal y secreto sobre sus contratos colectivos y para escoger a sus sindicatos mediante un proceso democrático y eficaz (sin las demoras injustificadas con que actualmente se practican), y además vigilados por tribunales laborales imparciales.
Pero existe una duda muy fuerte sobre la falta de un mecanismo en el Tratado que obligue a las empresas transnacionales a cumplir con estos requisitos, bajo pena de sufrir sanciones comerciales. Sin esta obligación, volvemos a la situación actual donde el TLCAN protege fielmente los derechos del capital, pero no defiende por nada los derechos de las y los trabajadores.
Los Demócratas en el Congreso de los Estados Unidos (a los que se avizora como la mayoría a partir de las elecciones de noviembre) han señalado que se opondrían con su voto a un texto que no garantizara estos derechos, tanto en los criterios como en el mecanismo de cumplimiento. Esperamos que el nuevo gobierno de México –y también el poder ejecutivo y el legislativo– tampoco avalarán un acuerdo que no acabe, de una vez por todas, con el sistema de control corporativo sobre la clase obrera, que tanto daño ha causado a la economía y a la democracia de nuestra patria.
INCERTIDUMBRES EN RENEGOCIACIÓN DEL TLCAN
Sobre las reglas de origen, hay mucho ruido pero no tenemos claridad de su real significado. La idea de que se va a imponer un salario mínimo de $16.00 USD por hora en la industria automotriz en México, que se ha difundido en los medios, es simplemente falsa. Según los reportes más confiables, el 40% de la producción para la cadena automotriz estaría limitado a las fábricas donde pagan 16.00 dólares por hora. Pero aún quedan muchas dudas. Por ejemplo, el tiempo en que tendrán efecto las nuevas reglas salariales y si estas serán retroactivas. Se desconoce qué porcentaje de la industria automotriz está en México actualmente y como se define su entorno de actuación.
Hay otros temas de comercio pendientes muy importantes para resolver, como el impacto de los aranceles impuestos por el gobierno de Trump sobre la industria siderúrgica y de aluminio. También debe preocupar el maltrato, acoso y discriminación que enfrentan los trabajadores mexicanos en los EU, los ataques a las familias inmigrantes, las redadas y deportaciones sin el debido proceso y los intentos de aumentar los programas de visas temporales, a la vez debilitando la protección de los derechos laborales de las y los trabajadores. No cabe duda que el Poder Ejecutivo de México deberá informar al nuevo Congreso sobre los pormenores de todas estas negociaciones a partir del 1 de septiembre.
LA REFORMA LABORAL PENDIENTE
Por el otro lado, la reforma constitucional de 2017 prometió establecer tribunales laborales imparciales y el derecho de los trabajadores a un voto personal, libre y secreto sobre sus contratos colectivos. Estas medidas son fundamentales para la recuperación del poder y la dignidad de la clase obrera. Por ello los líderes traidores, encabezados por los senadores Tereso Medina de la CTM e Isaías González Cuevas de la CROC, intentaron sofocar una reforma laboral real con su proyecto de cambios pro empresariales a la Ley Federal de Trabajo en diciembre del año pasado.
Ahora corresponderá al nuevo Congreso, a partir del 1 de septiembre, aprobar una verdadera ley secundaria para dar efecto a esta reforma laboral constitucional así como a los tratados internacionales en la materia ratificados por México. Esta es una responsabilidad histórica que deberemos cumplir fielmente. Con estas reformas, y con la ratificación del Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo, OIT –pendiente en el Senado desde el 30 noviembre del 2015– empezaremos la recuperación real de los derechos de los trabajadores mexicanos.
Napoleón Gómez Urrutia
Senador de la República,
Plurinominal, Partido MORENA