
BLANCA ESTELA PIÑA GUDIÑO
ANALISIS
/ MIÉRCOLES 27 DE MARZO DE 2019
En días pasados tuve la oportunidad de participar dentro de un foro cuyo objetivo fue reflexionar sobre los retos que en materia de derechos laborales se enfrenta la juventud de nuestros días; ahí se denunció que la precarización y la subcontratación laboral, así como el conocido outsourcing, son problemas que lamentablemente no auguran un futuro digno para estas generaciones.
Respecto a esta problemática cabe rescatar un excelente artículo publicado por la revista PROCESO donde se expone parte de la ponencia del investigador de la UNAM, José Antonio Pérez Islas, quien asistió al foro Jóvenes en Movimiento el pasado 13 de marzo organizado por nuestra máxima casa de estudios.
Según el investigador de la UNAM:
- De los 39 millones de jóvenes de 12 a 29 años que hay en México, 44.3 por ciento, es decir 17 millones, vive en situación de pobreza.
- Además de que 23 millones 400 mil, que equivalen al60 por ciento, tiene empleos informales y precarios.
- Y 41.2por ciento, es decir, 16 millones no cuenta con ningún tipo de prestación laboral y 24 millones carecen de seguridad social.
Esta es la penosa realidad que padecen y sufren los y las jóvenes, a quienes irónica y cínicamente se ha llamado en el neoliberalismo “el futuro del país”.
Una de estas tareas es entender ¿por qué vivimos esta situación y más aún, como podemos cambiarla? En este sentido me gustaría retomar una hipótesis que hemos señalado en otros espacios. Y que se sintetiza en la idea de que la clase trabajadora ha perdido su poder de negociación frente a la patronal.
Sí, los trabajadores del país perdimos poder de clase para negociar mejores condiciones laborales y salarios. Y esto se debe fundamentalmente a la embestida, a la guerra que la patronal desató contra los trabajadores en dos frentes:
- El primero de ellos es que, con el neoliberalismo, se promovieron políticas económicas antinflacionarias, lo cual provocó, entre otras cosas, presionar a la baja el nivel general de los salarios y dividir en dos grandes contingentes a la clase trabajadora los que tenían derechos y los que no tenían derechos. A los segundos, es a los que pertenecen la mayoría de las y los jóvenes trabajadores de hoy.
- Segundo. El otro frente de la embestida contra el mundo del trabajo fue que se le declaró la guerra abiertamente al sindicalismo democrático.
También, como lo he señalado en otros momentos, esta guerra contra el mundo del trabajo, basada en una clara política anti-laboral, se complementó con medidas gubernamentales y legislativas, una de ellas, como todos sabemos, fue la legalización de la subcontratación con la Reforma Laboral aprobada en el 2012, entre algunas otras medidas.
En mi opinión, este es el origen estructural de la PRECARIZACIÓN, LA SUBCONTRATACIÓN Y LA BAJA TASA DE PENSIONES DE LA JUVENTUD TRABAJADORA ELPAIS.
Es decir, la clase trabajadora perdió su poder de negociación porque se creó una embestida en varios niéveles contra los trabajadores.
Y la situación descrita no es más que la síntesis de esta situación.
Entonces ¿Cuáles son las tareas y los retos?
- Primero, debemos fortalecer las leyes laborales en favor de la fuerza de trabajo. Y lo digo claro: debemos echar para a tras la Reforma Laboral de Calderón-Peña de 2012. Debemos eliminar los métodos de explotación como la subcontratación, los contratos a prueba y encontraste, garantizar empleos estables con salarios dignos.
- Además, debemos de fortalecer la creación y democratización de sindicatos. Es una obligación elevar la penosa tasa desindicalización que apenas si alcanza en el país el 8 por ciento, pero, además, se debe de combatir abiertamente los sindicatos de protección y los sindicatos charros.
- En la medida que incrementemos y combatamos los empleos precarios y flexibles, se generen empleos con estabilidad laboral, altos niveles de remuneración y sindicalización.
Finalmente. Quiero hacer un comentario.
Hoy la clase trabajadora nos exige legislar para ayudar a mejorar los Contratos Colectivo de Trabajo, para mejorarlos salarios, para concretar la histórica necesidad de incrementar la tasa desindicalización, pugnar por desarrollar la democracia sindical y para que todos los trabajadores tengamos un trabajo digno, estable, con certidumbre laboral, a una jubilación digna, y a todos los derechos consagrados por 200 años de lucha obrera. ¡Hoy es tiempo, es necesario y es posible!