Dan a más sindicatos luz verde

Con 20 personas los burócratas abrirán nuevas organizaciones laborales
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Esta modificación fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 1 de mayo.Foto: Leslie Pérez
POR HERALDO DE MÉXICO MAYO 24, 2019
El Congreso de la Unión aprobó reformas que abren la puerta a la competencia sindical al permitir que con sólo 20 personas pueda formarse una agrupación de este tipo.
“Para que se constituya un sindicato se requiere que lo formen 20 trabajadores de una misma dependencia”, indica el artículo 71 de la reforma a la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado.
Esta ley es reglamentaria del apartado B del artículo 123 constitucional que rige a los burócratas. Su aprobación otorga a los trabajadores al Servicio del Estado la libertad sindical que también fue garantizada para los empleados de las empresas privadas vía la reforma laboral.
Los cambios precisan que un trabajador del Estado tiene derecho a constituir sindicatos “sin autorización previa”, no puede ser obligado a estar en uno y podrá separarse de el cuando lo decida.
“Esto es una sacudida muy importante a todo ese control y dominio que tenían anteriormente sobre los trabajadores del apartado B”, aseguró Napoleón Gómez Urrutia, senador por Morena y líder sindical que, en abril pasado, logró la toma de nota para la Confederación Internacional de Trabajadores.
Explicó que la libertad sindical para los burócratas fue una idea planteada por el presidente Andrés Manuel López Obrador que fue retomada por la Comisión del Trabajo del Senado que él preside.
“La intención es dar libertad a los trabajadores del sector público y que puedan tomar sus decisiones igual que los del apartado A (trabajadores del sector privado) igualarlos, que puedan tener democracia sindical, elegir al sindicato que quieran formar o pertenecer, que puedan elegir a sus dirigentes, que no se los impongan y, desde luego, que puedan revisar sus contratos”, detalló.
Antes de la reforma, la conformación de nuevos sindicatos dentro de las dependencias estaba condicionada a que no existiera otro con más de 20 integrantes, un candado que hacía prácticamente imposible la competencia sindical.
Germán de la Garza de Vecchi, abogado laboral y socio del despacho Mowat, alertó sobre riesgos: “No brindan estabilidad a las empresas (dependencias)… Si los trabajadores no toman decisiones de manera madura y consciente, particularmente en cuestiones de conflicto pueden ser manipulados por grupos (de interés)”.
Por Nayeli Cortés y Elena Soto

https://heraldodemexico.com.mx/pais/dan-a-mas-sindicatos-luz-verde/

La otra reforma laboral: los trabajadores al servicio del Estado


Saúl Escobar Toledo
Mayo 08, 2019
El 29 de abril pasado el Senado de la República aprobó las reformas a la Ley Federal del Trabajo (LFT) que le había enviado su colegisladora, la Cámara de Diputados. Concluía así el proceso de reglamentación del apartado A del artículo 123 que había comenzado en febrero de 2017. Como han señalado diversos analistas y representantes de los sindicatos y organizaciones patronales, se trata de las enmiendas más importantes y trascendentes que se hayan efectuado en muchos años. Desde mi punto de vista, desde el Constituyente de 1917 y la primera LFT de 1931, ya que dan luz a un nuevo modelo laboral. El que estuvo vigente durante más de cien años se basaba en la justicia tripartita (gobierno, empresarios y trabajadores), éste se apoya ahora en tribunales judiciales. El viejo orden daba al gobierno la facultad de reconocimiento y control de los sindicatos; el nuevo se funda en una muy amplia libertad sindical. El esquema que acaba de terminar construyó un sistema de negociación colectiva manejado discrecionalmente por el gobierno en turno: el que se inaugura dejará a los trabajadores el poder de decisión sobre las condiciones en que se llevará a cabo.
Falta ahora su instrumentación, la cual tomará en algunos casos, como los tribunales adscritos al Poder Judicial, alrededor de tres o cuatro años. En otros asuntos, como la creación del centro federal de conciliación y registro de sindicatos y contratos colectivos, el plazo será un poco menor. Otras modificaciones entrarán en vigor inmediatamente, como en los litigios de despido y la consulta como requisito indispensable para el registro y la revisión de un contrato colectivo.
Los senadores, sin embargo, ya encarrerados, modificaron también la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado que data de 1963. Al otro día, los diputados avalaron el dictamen y casi inmediatamente se publicó en el Diario Oficial de la Federación. Los cambios apuntan, como asentaron los legisladores, hacia la ampliación de la libertad sindical. Y, como en el caso de la LFT, se apoyaron en el convenio 98 de la OIT.
De esta segunda reforma se ha hablado poco, en parte por la forma sorpresiva y expedita en que se aprobó, y en parte, quizá, porque la atención se centró en otros quehaceres legislativos.
Sin embargo, se trata de modificaciones de gran calado que cambiarán sustancialmente las reglas vigentes en materia de asociación para los trabajadores al servicio del estado adscritos al apartado B del 123 constitucional. Debe recordarse que, durante varias décadas, entre los años cincuenta y hasta principios de los ochenta del siglo pasado, los llamados burócratas recibieron del régimen un trato especial: salud, vivienda, salarios, jornada laboral, que se pretendían mejores que los que gozaba el sector obrero. A cambio de ello, se les impuso una completa subordinación al gobierno y al PRI del cual formaron parte como integrantes de la CNOP. Después de la crisis de 1982, estas ventajas se redujeron drásticamente y se impuso la política de contratos por honorarios y otras formas precarias para evadir la estabilidad laboral y el otorgamiento de prestaciones. En ambos momentos, el control sindical fue indispensable: en la etapa del auge para asegurar su fidelidad al partido, y en la de ajuste para evitar protestas y reclamos.
Para transitar de este modelo de control autoritario a otro basado en una mayor libertad asociativa, los legisladores aprobaron siete enmiendas que en resumen plantean lo siguiente: en primer lugar, se derogó el artículo 68 que señalaba que en cada dependencia sólo podría haber un sindicato y que éste debería ser el mayoritario de acuerdo al reconocimiento hecho por el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje. Ahora, la ley permitirá que haya los sindicatos que los trabajadores decidan. Consecuentemente, se reformó el artículo 69 para disponer que los trabajadores tienen derecho a formar parte de una organización sindical sin autorización previa y que podrán adherirse o separarse de ésta en cualquier momento. También, que la elección de las directivas se tendrá que realizar mediante el voto personal, libre, directo y secreto de los afiliados, y que la convocatoria deberá ser notificada al Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje (TFCyA), el cual podrá verificar los comicios. Advierte que las elecciones que no cumplan estos requisitos serán nulas.
Se elimina, igualmente, una parte del texto del artículo 78 que decía, literalmente, que la Federación de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE) era la única central reconocida por el Estado. Como es obvio, se trataba de un artículo muy antidemocrático y un buen ejemplo de lo que fue el corporativismo sindical. La Suprema Corte había declarado inconstitucional éste y otros artículos desde 1999. A pesar de ello, la ley no había sido reformada. Ahora habrá plena libertad para formar las federaciones que se deseen y coligarse con cualquier organización obrera o campesina, cosa que estaba expresamente prohibida.
El impacto de estos cambios se dejará sentir muy pronto en todo el sector laboral de la federación. Según cifras del ISSSTE, hay casi 3 millones de trabajadores en activo, de los cuales unas dos terceras partes son de base, un 20 por ciento son considerados como de confianza y el resto eventuales, a lista de raya u otra forma de contratación vulnerable. Destaca que la mayoría de la plantilla laboral de base está compuesta por mujeres. Sin embargo, a estos números habría que agregar un amplio conjunto de personas que no tienen servicios de salud debido a su forma de contratación absolutamente precaria.
Dentro de este universo, debe subrayarse el caso de la SEP, dado el conflicto que lleva más de cuatro décadas entre la CNTE (Coordinadora de Trabajadores de la Educación) y el SNTE. Con estas reformas, los maestros disidentes tendrán el camino legal abierto para disputar la dirección del sindicato mediante la conquista del voto directo y secreto, y/o para formar libremente una nueva organización que contaría seguramente con registro legal.
La CNTE, bajo cualquiera de estas opciones, se convertiría en una organización de pleno derecho. Si bien, en la actualidad, los maestros disidentes dirigen varias secciones del SNTE, y son, de facto, una organización independiente, ahora adquirirán un papel más relevante y es posible que, en el corto plazo, pongan en jaque a los liderazgos tradicionales e incluso la existencia misma del sindicato más numeroso del país.
Vale la pena recalcar, sin embargo, que las reformas no afectaron la contratación colectiva ni el derecho de huelga, los cuales siguen muy restringidos en el apartado B del artículo 123 constitucional. Tampoco queda claro qué sucedería si dos o más sindicatos dentro de la misma dependencia se asumen como mayoritarios y disputan la representatividad frente al patrón (en este caso alguna dependencia del gobierno federal) para negociar las condiciones de trabajo. Estos y otros pendientes podrían llevar a una revisión completa del apartado B, siguiendo el ejemplo de lo que ya se logró en la Constitución de la Ciudad de México.
A pesar de estas limitaciones, puede afirmarse que, sin mencionarlos explícitamente, las mayorías de ambas cámaras, Morena y sus aliados, con el consentimiento explícito del presidente de la República, han ofrecido a los maestros disidentes la posibilidad de gozar de mejores condiciones legales para pelear por sus derechos sindicales y laborales.
Pronto veremos cuál será la decisión de la CNTE pues estas disposiciones sin duda les abren un horizonte nuevo, sobre todo ahora que la nueva reforma educativa va a ponerse en práctica. Convertirse en un actor institucional, plenamente reconocido por la ley, fortalecerá su protagonismo, pero también adquirirán obligaciones, entre otras, dar cuentas al Estado y a la sociedad de sus manejos y procederes.

saulescobar.blogspot.com
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AMLO demanda a líderes sindicales apegarse a la ley, sin simulaciones

Ofrece respetar la autonomía
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▲ Carlos Aceves del Olmo, líder del Congreso del Trabajo; el presidente Andrés Manuel López Obrador, y Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, durante la comida por el Día del Trabajo en Palacio Nacionlal.Foto Marco Peláez
Alma E. Muñoz
Periódico La Jornada
Jueves 2 de mayo de 2019, p. 4
En su primer encuentro con dirigentes sindicales en el Día del Trabajo, el presidente Andrés Manuel López Obrador los llamó a actuar con estricto apego a la legalidad y sin simulaciones. Y al extenderles su mano franca para dialogar, les aseguró que su gobierno actuará con respeto a la autonomía sindical, al tiempo de solicitarles que se democraticen.
“No es sólo decirles a ustedes democratícense”, el gobierno no dará indicaciones ni tendrá injerencia en la vida interna de los sindicatos: no va a tener dirigentes favoritos, subrayó.
En el salón Tesorería de Palacio Nacional, Carlos Aceves del Olmo, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México y presidente del Congreso del Trabajo, ofreció a López Obrador: “Con la ley en la mano trabajaremos con la esperanza de que tengamos un mejor México y tenemos fe en el gobierno”.
Ante un auditorio de diversas procedencias gremiales, convocó a la unidad sindical y a no seguir “teniendo guerras de demandas de titularidad; mejor hay que cuidar muy bien los derechos y los intereses de los trabajadores (…) y hacer menos grilla”.
Acompañado por integrantes de su gabinete –en el presídium las secretarias de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y del Trabajo, Luisa María Alcalde, además de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum–, el Presidente llamó a realizar las modificaciones estatutarias para adaptarse estrictamente a la reforma laboral, publicada ayer en el Diario Oficial de la Federación.
Reconoció que no acudieron todos los dirigentes convocados (aproximadamente 200). “Comprendemos que no estén aquí todos, porque tienen sus posturas… Qué bien que haya esa actitud de oposición, que no se caiga nunca en la sumisión, que siempre actuemos con absoluta libertad. Nosotros no vamos a cooptar a nadie”.
Ante la pregunta de si el líder petrolero Carlos Romero Deschamps fue invitado a la reunión, Luisa María Alcalde dijo que se convocó a todos. “Hubo invitaciones abiertas y cada uno tomó sus decisiones”.
En cambio, sí llegaron otros líderes, como Napoleón Gómez Urrutia, del gremio minero; del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Alfonso Cepeda, y de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, Joel Ayala, quien al ingresar criticó la “forma arbitrara” en que la Secretaría de Hacienda despide a los burócratas.
Al intervenir en la primera comida que ofreció a líderes gremiales, López Obrador demandó respeto a libertad sindical. Ofreció que él hará lo mismo con la autonomía de las organizaciones. “Ya no al tutelaje. Los trabajadores no son menores de edad”.
Sostuvo que la secretaria del Trabajo lo representará en la comunicación con los sindicatos, pero “las veces que se requiera intercambiar puntos de vista con el Presidente de la República, extiendo mi mano franca a todos”.
Aludió a la intervención de Carlos Aceves para llamar a la reconciliación. “En vez de estarnos confrontando, peleándonos; pongamos por delante el interés general. Él hablaba de la defensa de los intereses de los trabajadores; más que estar pensando en los intereses personales o gremiales, por legítimos que sean, siempre hay un interés superior”.

https://www.jornada.com.mx/2019/05/02/politica/004n2pol?fbclid=IwAR0a6mJHg2DryI795jItaXig_TkXVbLsELoQUUyrUSsrYEj7e-YFx5M6sLw

La necesaria reforma laboral burocrática


Ricardo Guzmán Wolffer
Uno de los lugares donde es más clara la separación-confrontación entre estado y sociedad, es en el tema laboral. Mientras a los obreros privados se le recortaron derechos, entre los que destaca el de sólo recibir el primer año de salarios caídos en caso de litigio, a los burócratas se les ha respetado el derecho de recibir indefinidamente esos salarios caídos, en caso de litigio. No son raros los juicios que se desarrollan ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje que, una vez ganados por el trabajador, los hijos y hasta los nietos terminan cobrando los adeudos millonarios: décadas de salarios caídos, más demás prestaciones.
Esto obedece a: 1º, la no aplicación de la restricción citada, hecha en la Ley Federal del Trabajo, al sector burocrático; 2º, la falta de mecanismos eficaces dentro de la Ley burocrática para conminar a las entidades públicas para que cumplan los laudos; 3º, la reticencia y dificultad en el cumplimiento de esos laudos (falta de plazas, de recursos y complejos mecanismos para pagar y reinstalar). El año pasado hubo varias destituciones ordenadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ante el incumplimiento a laudos condenatorios por parte de Delegados en la CDMX y en otros lugares de la república. Los costos de tales juicios laborales perdidos son altísimos para el presupuesto: el sector público federal gasta miles de millones de pesos al año en pagar laudos perdidos; lo cual, necesariamente, afecta programas sociales y de infraestructura. La urgencia de regularizar esta ley burocrática federal obedece a la mínima equidad que debe haber entre trabajadores de ambos apartados del artículo 123 constitucional, no sólo en los montos salariales, sino en los derechos laborales mínimos.
Y es en esta ley donde se encuentran los trabajadores del Poder Judicial Federal. A pesar de los diversos mecanismos acordados por el Consejo de la Judicatura Federal para el cese de trabajadores incumplidos o corruptos, la tramitación ante la Comisión Substanciadora del Poder Judicial de la Federación es compleja y suele favorecer al trabajador. ¿Qué resoluciones puede dictar el juez que tiene como primera preocupación la del secretario o del oficial que son capaces de alterar constancias o de no revisar el trabajo que le presentan, por decir lo menos?
Este afán proteccionista hacia los trabajadores públicos tiene explicación directa en la historia del siglo XX, donde primero se separaron los sectores campesino y proletario de los núcleos de poder; luego éstos se dividieron según la fuente laboral y, al final, el estado clientelar asimiló a ambos por distintos conglomerados sindicales, haciéndolos a un lado de las cúpulas del entonces partido único para evitar que esos sectores fueran parte del poder: la mayoría proletaria y agrarista pasó a obedecer a la minoría en la central política. Ese contexto ha desaparecido y ni las entidades públicas están dispuestas a cumplir los laudos que les significan egresos multimillonarios (además de recibir de vuelta al trabajador incumplido, sino es que corrupto), ni los trabajadores, en general, tienen el sentido de lealtad institucional que logró, en parte, el milagro mexicano hace más de 60 años. ¿Quién daría un peso hoy para un rescate como el petrolero de 1938, si no hay la mínima confianza en las autoridades? Aportaciones multitudinarias como la que recibió Lázaro Cárdenas hoy son ilusión y recuerdo.
La reforma laboral procedimental es inminente. Como mínima equidad, debe transformarse a fondo la ley burocrática federal para lograr procedimientos ágiles y eficaces en su cumplimiento, además de equiparar a los burócratas con el resto de los trabajadores del país.

http://www.jornada.unam.mx/2018/03/29/opinion/030a1soc