En Aguascalientes, preocupa a empresarios que libertad sindical afecte factores de producción

CLAUDIA RODRÍGUEZ LOERA · 05/05/2019
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  • En duda, que haya terminado el corporativismo
  • Tardará transición de las juntas de conciliación y arbitraje a juzgados laborales

Preocupa al sector empresarial que la lucha entre sindicatos por lograr más agremiados pueda generar problemáticas en los factores de la producción, como parte del libre sindicalismo inserto en la Reforma Laboral, externó el presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Aguascalientes (CCEA), Pedro Gutiérrez Romo: “Estos organismos emergentes van a querer quitar a los que tienen muchos años ya, entonces puede haber un encontronazo por los posibles agremiados, y esto nos pueden traer problemas”.
Al referirse a la recién llegada central obrera al estado, la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (Catem), consideró que aunque se niegue que están vinculados con el Movimiento de Regeneración Nacional, es evidente su cercanía con Pedro Haces y Napoleón Gómez Urrutia, quienes fueron traídos por este sistema político para tal fin.
El empresario desconfió que el corporativismo sindical se haya terminado con las nuevas reglas de la Ley Laboral y no se haya sustituido uno por otro, en lo cual podrá confiar una vez que sea evidente que el voto libre, secreto y directo de los trabajadores se respete y no hayan negociaciones truculentas: “Si se logra todo eso, nos va a ir bien, ese es el reto, hay que salvar también a las empresas”.
Ante estas nuevas reglas, es posible que una sola empresa tenga en su interior hasta tres sindicatos, lo cual puede representar conflictos factibles de llegar a las líneas de producción, lo que significa que cada patrón tome las decisiones pertinentes en este sentido.
Otro aspecto que consideró un asunto importante es el atraso que habrá en los temas laborales durante la transición de las juntas de conciliación y arbitraje que cargan ya un gran retraso, en lo que se implementan los juzgados, tal como sucedió con el sistema de justicia penal acusatorio, lo cual no se logra aún al cien por ciento.
Gutiérrez Romo consideró que el problema de este arranque de sexenio es que se tiene el peor crecimiento de muchos lustros, lo cual hacen evidentes las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, además del decremento en la seguridad en el país, por lo que es necesario impulsar proyectos que propicien la productividad, especialmente de las empresas nacionales.

https://www.lja.mx/2019/05/en-aguascalientes-preocupa-a-empresarios-que-libertad-sindical-afecte-factores-de-produccion/

Unidad, la convocatoria en el besamanos sindical de la 4T

POR ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA , 1 MAYO, 2019
CRÓNICA, PRESIDENCIA
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CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Como en los viejos tiempos del PRI, los dirigentes de los sindicatos del país se reunieron con el presidente Andrés Manuel López Obrador en el Día Internacional del Trabajo.
En el salón “Tesorería”, favorito del mandatario para celebrar casi toda actividad pública que se cita en Palacio Nacional, las otrora llamadas “fuerzas vivas de la Revolución” manifestaron que ahora ya no son únicamente “factores de la producción”, como solía llamárseles en los sexenios pasados, cuando la convocatoria presidencial citaba el 1 de mayo para departir con las cúpulas obreras y empresariales, y hoy, muy en el tono lopezobradorista, la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde Luján, aludió como “el periodo neoliberal”.
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Evento con líderes sindicales en el salón “Tesorería”. Foto: Germán Canseco
Lo están aprendiendo a diario, admitió el líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Carlos Aceves del Olmo, en una alocución en la que abjuró del reformismo que vino con el Pacto por México, aquel que el senador impulsó para la reforma laboral, cuando festinaba el discurso presidencial del pasado, concentrado en reafirmar la conservación de plazas laborales a costa de bajos salarios, como parte de su “nueva cultura laboral”.
Vocablo que resurge justamente del pasado, Aceves del Olmo llamó hoy a todos los gremios a la “unidad nacional” en torno a la propuesta presidencial, como ha hecho, como hicieron todos los que lo precedieron en la cumbre del cetemismo y el sector obrero del Revolucionario Institucional.
En la primera celebración del 1 de mayo de la autonombrada Cuarta Transformación, el cetemista se obligó a compartir tribuna con su par telefonista, representativo del sindicalismo de izquierdas, Francisco Hernández Juárez. Juntos, para el presidente Andrés Manuel López Obrador, son –así como eran en el PRI– el sector obrero al que saluda y pide apoyo.
Ambos, Aceves del Olmo y Hernández Juárez, son viejos lobos de la política sindical. El primero, militante de la CTM y el PRI desde 1959, fue actor relevante en la cúpula del llamado “sector obrero” durante unas tres décadas, antes de asumir la dirigencia del gremio, y de manera natural la presidencia del Congreso del Trabajo en 2017, órgano este último al que en 1992 renunció el segundo, dirigente telefonista desde 1976 y fundador de la Unión Nacional de Trabajadores en los noventa, cuando se afilió al Partido de la Revolución Democrática (PRD).
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1 de Mayo de la 4T. Foto: Germán Canseco
Pero es Hernández Juárez quien dispensa la cortesía, y al iniciar su discurso saluda, como lo hace con presidente y secretaria, al líder cetemista, que en ademán y gesto de veterano de la hegemonía responde con la mano en alto, colocando frente al rostro la palma abierta.
Y es que, para su celebración del Día del Trabajo, el presidente Andrés Manuel López Obrador quiso reunir a todas las expresiones sindicales:
Por ahí se ve al ferrocarrilero Víctor Flores, lo mismo que al disidente cetemista y fundador de su central obrera morenista, Pedro Haces Barba; al veterano de los burócratas, Joel Ayala, y al electricista con empresa, pero sin sindicato, Martín Esparza.
Lo mismo asisten el de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), Isaías González Cuevas, que el renovado morenista minero Napoleón Gómez Urrutia. Y para dar precisamente el mensaje de unidad, luego de que horas antes se rechazó la reforma educativa en el Senado, un apoyo sí se ve:
Alfonso Cepeda Salas, dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), quien llega acompañado de su comité nacional. Ausente un año más, no asiste Elba Esther Gordillo, como tampoco el petrolero Carlos Romero Deschamps.
Con todo, objetivo cumplido del mandatario federal, si algo distingue la concurrencia es una disciplinada pluralidad.
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López Obrador en comida por el 1 de Mayo. Foto: Germán Canseco
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La comida transcurrió en el bullicio característico de toda comilona sindical. Hubo crema de calabaza, medallones de res y budín. A pura agua de jamaica y de limón –que en la 4T las bebidas embriagantes están prohibidas en oficinas públicas–, a la hora de los discursos los efectos de la mala digestión hicieron a varios dirigentes cabecear o de plano echar incómoda siesta.
La insistencia es en la unidad que Aceves del Olmos cifra ya no en pelear por la titularidad de contratos; la misma unidad que ve Hernández Juárez, para quien vienen tiempos mejores para el país con la Cuarta Transformación, si hay unidad.
Hernández Juárez da un sentido político: “Creo que el hartazgo de la corrupción, de los resultados de la mala política económica, el mal desarrollo que ha tenido el país ha llevado a la gente a considerar que ya no es posible seguir por esa vía y se expresó muy claramente en las urnas en julio del año pasado”.
Entonces, en su discurso, la única salida es la unidad.
Y es la unidad que también convoca el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien explica su idea de la “cuarta transformación”, y luego recuerda con la historia del nacionalismo revolucionario que a cada transformación se creó nueva Constitución, pero que hoy resolvieron hacerlo por la vía de reformas.
La unidad, sin embargo, tiene un mensaje para quienes no asistieron: “A esta comida fueron invitados todos, algunos no vinieron, los entendemos, porque cuando nosotros estábamos en la oposición a mi me invitaban y yo no asistía”.
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Los discursos sindicales se ocupan de lo concreto. Aceves del Olmo advierte que hay que reformar estatutos y dejar de incurrir en prácticas que no son conforme a la ley; Hernández Juárez opta por atender los pormenores de la implementación de la reforma laboral.
Las reivindicaciones obreras corren a cargo de la secretaria del Trabajo: “El pensamiento neoliberal en México nos quiso convencer de que el trabajo no era importante, que era un factor más de la producción. Insistió que el salario que se percibía en México era un producto natural del mercado de la oferta y la demanda, y que más nos convendría acostumbrarnos a ganar poco, porque siempre era preferible tener un trabajo a no tener nada”.
Por esa ruta siguió: no creían en el aumento salarial, porque insistían los neoliberales que se provocaría inflación; no creían en la organización del sindicalismo, porque la libertad causaría caos y desorden.
“Muchos paradigmas se han roto con la Cuarta Transformación”, dice la secretaria Alcalde.
Es ella quien recuerda Río Blanco y Cananea; quien invoca a Valentín Campa y a Demetrio Vallejo, a Othón Salazar y a Rafael Galván, los sindicalistas de izquierda históricos, que entre los presentes aún debe haber quienes se les opusieron y hasta una fuerza de choque les pudieron mandar.
Pero es el presidente López Obrador quien al final enseña el interés de su gobierno, porque en el caso de muchos de los comensales que se precipite un final: democracia sindical, con voto libre, universal y secreto de los trabajadores.
Desde hace semanas lo viene diciendo: “Quiero estar en primera fila cuando sea la elección en el magisterio”, dijo en marzo; que el Instituto Nacional Electoral supervise las elecciones sindicales, deslizó apenas el pasado lunes.
Hoy les pidió ya no caer en simulaciones y, tras celebrar el apoyo del “sector obrero” a la reforma laboral promulgada hoy, el mandatario expuso, en su ya característico fraseo, la instrucción de implementar una auténtica democracia sindical:
“Por eso es muy importante decirles que nosotros vamos a actuar con mucho respeto a la autonomía sindical, porque es de ida y vuelta, no sólo es decirles a ustedes: democratícense y el gobierno va a estar dando indicaciones y va a tener injerencia en la vida interna de los sindicatos. Ya no se va a actuar de esa manera”.
Para López Obrador lo importante es que haya confianza entre los presentes, y por ello, no sin antes reivindicar a Luisa María Alcalde como su interlocutora, declaró:
“Yo extiendo mi mano franca a todos ustedes para dialogar”.
Aplausos.
El acto concluye con la solemnidad habitual de los actos presidenciales, que a los edificios del Patio de Honor camina el séquito presidencial. Los convidados salen presurosos porque en el Día del Trabajo aún falta la comilona de su respectiva central.

https://www.proceso.com.mx/582207/unidad-la-convocatoria-en-el-besamanos-sindical-de-la-4t

Sindicalismo moreno


Roberto Gil Zuarth                
El equilibrio entre los factores de la producción y la efectiva garantía de los derechos laborales y sociales de los trabajadores favorecen la productividad de una economía. Son condiciones imprescindibles para el crecimiento económico y la justicia social. Dependen de un andamiaje institucional eficaz, pero también de la neutralidad del Estado frente a la complejidad de las relaciones entre el trabajo y el capital.
El régimen autoritario gestionó, a través del partido hegemónico, esa complejidad. Era parte de su esencia funcional. El arbitraje sobre las tensiones entre los sectores productivos y sociales era una variable asociada a la capacidad del Estado; por un lado, de otorgar y quitar privilegios económicos (protección industrial o comercial, contratos y proveeduría públicos, cargas y eximentes fiscales, etcétera) y, por otro, de determinar el comportamiento político de las organizaciones sindicales y gremiales. El “capitalismo de compadres” no sólo alentó y protegió monopolios económicos, sino que también sirvió para estructurar corporativamente la defensa y representación de los intereses de empresarios y trabajadores. Las patronales y los sindicatos se convirtieron en brazos del régimen que gozarían de beneficios económicos y políticos, mientras se sometieran a la conducción de la economía por parte del Estado y a la autoridad política del presidente. Era la partitura de la estabilidad y de la paz social: transacciones dinámicas entre obediencias y privilegios.
Bajo los códigos del régimen autoritario, los procedimientos y las instituciones tuvieron escasa importancia para ordenar los mercados laborales. La gestión extralegal de los conflictos se convirtió en la regla. No había necesidad de fortalecer las capacidades públicas para normar las interacciones entre la oferta y la demanda de trabajo. Sin embargo, pronto el pluralismo dejó inservibles los viejos instrumentos del Estado autoritario. El proceso de modernización política y económica contrastaba con la subsistencia de ese modelo de gestión de las relaciones productivas y laborales. La primera alternancia, en lugar de sustituir ese modelo por dinámicas institucionales previsibles, coexistió con las estructuras corporativas que el régimen autoritario creó para reducir la complejidad de las demandas sociales de los trabajadores. La segunda alternancia reestableció, en gran medida, la mecánica de su funcionamiento.
Pero la sofisticación de nuestra economía evidenció la precariedad de los equilibrios entre los factores de producción. Una suerte de entendimiento implícito entre los gobiernos, los empresarios y el grueso de las organizaciones sindicales históricas, produjo una larga etapa de paz laboral. Ese entendimiento hizo posible, además, una reforma legal para flexibilizar los contratos laborales (2012) y otra constitucional para profesionalizar la justicia laboral y robustecer la libertad sindical (2017). Ambas reformas coinciden en tiempo e intención con la ola de reformas estructurales que se emprendieron en las últimas dos administraciones. Así pues, las instituciones del trabajo cobraron relevancia conforme la economía iniciaba una nueva marcha de apertura y el Estado pluralista reconocía el valor de la certidumbre jurídica.
La tercera alternancia inicia con signos preocupantes de intervención facciosa del régimen en las relaciones laborales. Pero el indicador relevante de esa estrategia no es sólo el surgimiento de conflictos laborales políticamente inducidos, como el reciente caso de Matamoros. A mi juicio, esos episodios son en realidad síntomas de la intención de reestablecer el control corporativo de las organizaciones laborales y, por supuesto, de los trabajadores. Morena, al estilo del PRI, concedió parcelas de poder a cambio de lealtad política y votos. Ahí están, como ejemplo, el escaño concedido a Gómez Urrutia y las curules a la CNTE, entre otros. Ahora, esas nuevas organizaciones morenistas se aprestan como el brazo de captura de las representaciones sindicales y de los contratos colectivos, con la visible aquiescencia y los recursos del gobierno. La creación de una especie de CTM, pero ahora de Morena, para influir en las relaciones laborales, para transigir privilegios y votos, para dar al régimen un látigo que sirva al propósito de domesticar las fuerzas del mercado.
La ofensiva sindical del régimen es un dato más de concentración de poder. Pero habrá que advertir que la propagación de conflictos laborales producirá inestabilidad política y costos económicos altísimos que padecerán, sobre todo, los más vulnerables. En medio de una era de proteccionismo económico, es muy mala idea para el país perder competitividad y ahuyentar las inversiones y el empleo. Pero todo eso es irrelevante, claro está, cuando lo importante es instaurar una nueva hegemonía.

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/roberto-gil-zuarth/sindicalismo-moreno