La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ratificó que las Juntas Laborales están obligadas a juzgar con perspectiva de género en los casos en los que una trabajadora afirma haber sido despedida por estar embarazada.
jueves, 9 de mayo de 2019
CIUDAD DE MÉXICO, mayo 9 (EL UNIVERSAL).- Durante la sesión de la Segunda Sala de la Corte, los ministros avalaron el proyecto realizado por Yasmín Esquivel Mossa, en el que además indicó que aunque los patrones exhiban en su defensa la renuncia de las mujeres, las juntas deben emitir sus laudos apreciando los hechos en conciencia, sin sujetarse a formulismos o reglas con relación a las pruebas aportadas por las partes.
Con esto, resolvió por unanimidad la contradicción de tesis 318/2018, en la que prevalecerá el criterio de que es fundamental reconocer que en la realidad es más probable la existencia de un despido con motivo del embarazo de la trabajadora, que su renuncia voluntaria por encontrarse en estado de gravidez.
Esto, indicaron los ministros, se traduce en una duda razonable acerca de su voluntad de prescindir de su empleo por los gastos que implica y la necesidad de acceder a la seguridad social.
El criterio emitido por la sala podría contribuir a eliminar la práctica común de obligar a las trabajadoras a firmar documentos en blanco para después llenarlos con renuncias expresas que son exhibidas en juicio para justificar los despidos.
El discernimiento de la sala surge en el marco de la implementación de la reforma en materia laboral, en la que las Juntas Laborales dejarán de ser parte del Poder Ejecutivo para formar parte del Judicial y, con ello, se les dará carácter de verdaderos tribunales del trabajo.
Día: 13 de mayo de 2019
Reforma laboral elevará la productividad : Américo Villarreal
De la Redacción 09/05/2019 Local
Américo Villarreal.
Cd. de México.- Tras casi 80 años en que la clase trabajadora ha vivido en un esquema de organización sindical corporativo y 40 años de que su salario se ha venido deteriorando, el Senado de la República aprobó la Reforma Laboral, con la que se busca elevar la productividad y generar beneficios para patrones y trabajadores, afirmó el Senador Américo Villarreal Anaya.
Explicó que la reforma que planteó la Cámara de Diputados en materia de justicia laboral, libertad sindical y negociación colectiva, misma que el Senado de la República aprobó sin cambio alguno, es resultado también de la lucha de trabajadores mexicanos que por muchos años han buscado la democracia y la libertad sindical, en aras de obtener un salario mejor y en consecuencia, mejores condiciones de vida.
Villarreal Anaya señaló que la Reforma Laboral permitirá contar con un ordenamiento en la materia, acorde con el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos, Canadá, T-MEC, además de lo mencionado anteriormente, como promover la democracia sindical y crear los juzgados laborales.
Agregó que de acuerdo a la normatividad aprobada, los tribunales laborales dependerán del Poder Judicial, motivo por el cual, desaparecen las juntas federales y locales de Conciliación y Arbitraje.
“Lo que se está viviendo en México en materia laboral, es una situación histórica porque se sustituyen las Juntas de Conciliación y Arbitraje de carácter tripartita, entre los patrones, obreros y gobierno con la creación de una rama nueva del Poder Judicial, autónoma e independiente”, destacó.
“Con la creación del órgano para registrar y transparentar los contratos colectivos de trabajo y con esta nueva normatividad, los trabajadores están en libertad de elegir a sus dirigentes sindicales mediante su voto libre y secreto”, concluyó.
http://www.laverdad.com.mx/local/reforma-laboral-elevara-la-productividad-y-generara-beneficios-para-patrones-y-trabajadores-americo-villarreal
Empresas y sindicatos ven riesgos y oportunidades en reforma laboral

NOTIMEX 09.05.2019 – 14:11H La reforma laboral aprobada por el Congreso de la Unión tiene riesgos y oportunidades que las empresas y sindicatos deben aprovechar para crear condiciones que favorezcan el clima de productividad en el país, estableció Francisco Javier Salazar Sáenz, presidente del Instituto de Política Laboral. Durante la conferencia «Análisis del 1 de Mayo y la Reforma Laboral«, a la que asistieron funcionarios de empresas y líderes sindicales, señaló que existe el riesgo de crear un clima de confrontación si aparecen líderes que busquen aprovechar para sus fines la nueva representación sindical que impulsa la reforma.
«Se trata de acabar con las simulaciones de los contratos de protección o la falta de representatividad, y no de construir escenarios en donde los sindicatos pongan en riesgo la estabilidad de las empresas y su propia fuente de empleo», aseveró. El exsecretario de Trabajo y Previsión Social, cargo que ocupó durante el último año de la administración del presidente Vicente Fox Quesada, dijo que «nadie quiere quedarse sin trabajo por huelgas o paros absurdos».
Lo único que esperamos, abundó, es que demos pasos firmes hacia una verdadera representación sindical, que se lleva de la mano con la productividad de las empresas. El espíritu de las actuales reformas debe dar continuidad a la nueva cultura laboral iniciada hace dos décadas por Carlos Abascal Carranza, cuando estuvo al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social entre 2000 y 2005, la cual buscó impulsar la transparencia y representatividad sindical, y se logró el equilibrio con la productividad en las empresas.
Rubén López Malo Lorenzana, expresidente de la Junta Especial Federal de Conciliación y Arbitraje, afirmó que una de las principales dificultades para la implementación de la reforma laboral, es la falta de recursos presupuestales, así como la poca formación profesional que hay en el personal: «La falta de recursos puede generar grandes errores que obstaculicen los anhelados cambios en el entorno laboral».
Salazar Sáenz externó su preocupación por el estancamiento económico que se ha registrado en los últimos meses, lo cual está impactando en bajo índice de creación de empleos, sobre todo en los sectores de la construcción, turismo y manufactura, entre otros. También mostró su inquietud por «los cientos de miles de despidos en la burocracia, así como la falta de inversión en el sector salud y la protección de los niños de las madres trabajadoras».
«La educación superior es otra área en la que hay graves daños a los estudiantes y a su empleabilidad; será imposible recuperar el tiempo perdido en las universidades que han tenido procesos de huelga o paro», remarcó.
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México: un gigante económico con trabajos precarios, ocultos y sin red de seguridad
En México, la tercera economía de América, más de 30 millones de personas trabajan en el sector ‘informal’, lo que impacta en el desempeño económico del país
México 13 MAY 2019
Es una mañana soleada de mayo en Ciudad de México y en una esquina de la calle de Niza que desemboca en el ajetreado Paseo de la Reforma —vía neurálgica de la capital—, Leonel Bernal ya tiene todo dispuesto en su carro de venta de chilaquiles. Los oficinistas caminan apresurados con su cara aún de sueño, algunos con los auriculares al oído y la vista perdida en sus teléfonos móviles. Cruzan la avenida sorteando las largas hileras de vehículos, algunos sonando los cláxones ensordecedores, como si con ello pudieran hacer avanzar el tráfico mañanero. En el puesto de Bernal algunas personas hacen una parada urgente para comprar el platillo: trozos de tortillas fritas bañadas en salsa verde o roja, con carne o pollo en hilachas y queso encima. Bernal llega a vender hasta 400 órdenes de chilaquiles en viernes, a 25 pesos (1,3 dólares) el plato pequeño, 55 el grande. El puesto “El Chilakil” ha sido su salvación después de haber perdido el trabajo dentro del sector formal, tras décadas dirigiendo una fábrica propia de producción de botellas, que cerró tras la crisis económica de 2008. Con 60 años a cuestas era difícil, dice, que alguna empresa lo contratara. Su opción fue abrirse paso en el sector informal, en el que más de 30 millones de mexicanos se ganan la vida día a día en la que es la economía número 13 del mundo y la tercera más importante de América, después de Estados Unidos y Brasil.
“No había oportunidades”, dice Bernal mientras se acerca a su puesto un joven oficinista de cabello engominado e impecablemente vestido a comprar su munición de chilaquiles. “Decidí emprender un negocio con la poca inversión que teníamos. Empecé con un puesto y actualmente tenemos dos y estamos tratando de crecer. La idea es aportar a la gente de oficina, que no todos los días puede ir a un restaurante, que pueda tener una buena comida a un precio asequible”. Es lo que él llama “acercar una buena comida a los Godínez”, como en México se conoce de forma popular a quienes trabajan en el sector formal, en horarios de oficina y a la espera de un salario fijo a fin de mes.
Quienes trabajan en el sector informal, sin embargo, no cuentan ni siquiera con un término popular que los defina.
En México “informal” abarca un amplio abanico de oficios, de oferta de productos y servicios. Pasearse por la capital de la República —inmensa metrópolis donde respiran más de 22 millones de personas—, significa toparse con carritos de comida callejera que impiden el paso, con sus propietarios ofreciendo tacos, huaraches, sopes, chilaquiles, frutas con chile, frutos secos. Hay vendedores de dulces, cigarros y refrescos. También gente con banderines verdes llamando a los coches a que carguen combustible en alguna gasolinera u ofreciendo un espacio en un aparcamiento de una ciudad donde estacionarse es una odisea.
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ALFREDO GARCÍA
Están también las personas —generalmente mayores— que empacan las compras en los supermercados o quienes te extienden una servilleta de papel en los baños de los restaurantes. El vendedor ambulante de tamales oaxaqueños que recorre en bicicleta las colonias de la clase media mexicana o el comprador de chatarra que grita a los capitalinos que está dispuesto a comprarles casi cualquier cosa vieja. En los vagones del metro —sofocantes en las horas de mayor ocupación— circulan vendedores con todo tipo de cacharros colgando del cuerpo y en estaciones como la de Insurgentes, importante parada para quienes trabajan en alguna oficina de Reforma, los limpiabotas esperan con rostros expectantes a que uno de esos oficinistas que sale de la boca de la estación se detenga a pedir que le saque brillo a sus zapatos.
Para las autoridades mexicanas es gente que trabaja, aunque el trabajo sea precario, mal pagado o incluso muchas de ellas solo reciban propinas. Las estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) muestran que el desempleo en México llegó en marzo al 3.6 %, comparable a Estados Unidos, donde marzo cerró con 3.8 % de desempleo, según un informe del Departamento del Tesoro. «La clave son las encuestas que hace el INEGI”, comenta Valeria Moy, directora general del organismo México, ¿cómo vamos?, un colectivo de académicos que analiza las políticas públicas y produce informes e investigaciones sobre el desempeño económico del país. “El INEGI hace preguntas del tipo “¿usted trabajó una hora esta semana?” Si tu respuesta es sí, ya no estás desempleado. Una persona que vende dulces en la esquina, no se considera desempleada. Para considerar a alguien desempleado no debes tener empleo o tienes que estar buscando uno activamente”, explica.
La académica asegura que el trabajo informal tiene un “impacto tremendo” en la economía mexicana, que aún no ha sido cuantificado. “La informalidad no es únicamente lo que ves en las calles, es algo más complejo”, dice Moy, para quien la informalidad también incluye a personas que cuentan con un contrato, que pagan impuestos, pero que sus empresas no los han inscrito en el Instituto Mexicano de la Seguridad Social (IMSS). “Hemos llegado a este nivel porque no solo no lo hemos arreglado, sino que lo hemos permitido. En México la informalidad no es ilegal, la ilegalidad depende del bien o servicio que ofrezcas. Esta ambigüedad ha permitido que el problema crezca. Lo hemos hecho cada vez más complejo. Nuestro régimen fiscal también ha permitido que esto aumente: Volverte formal es costoso y no hay muchos incentivos para que las empresas tengan trabajadores formales. La formalidad sube el costo de nómina aproximadamente en 47 %”, explica Moy.
Trabajar con contrato pero sin beneficios fue la experiencia de Mariana Mosqueda, una joven de 30 años que laboró por cuatro en la Secretaría de Desarrollo Social. Originaria de Guanajuato, Mosqueda estudió Cultura y Arte, pero como no encontró un trabajo como gestora cultural —su anhelo— aceptó una propuesta para trabajar en la Ciudad de México. Tenía 23 años. Fue recibida por amigos y empezó a laborar por 10,577 pesos al mes, aproximadamente 556 dólares al cambio actual. No todo fue como esperaba: su primer mes el salario se retrasó, no la inscribieron en la seguridad social, no tenía prestaciones y en el proceso los contratos cambiaron de ser anuales a mensuales. Su jornada de trabajo comenzaba a las nueve y no tenía hora de salida. Durante unas vacaciones Mosqueda se fracturó unas costillas y fue cuando se percató de la importancia de estar asegurada: no pudo acceder a una clínica del IMSS para atenderse. “Llegó un momento en 2015, en una reunión de fin de año cuando vi a mis amigos felices, realizados, satisfechos, libres, que me pregunté para qué estaba hecha, por qué no me sentía realizada”, cuenta Mosqueda.
Su decisión fue dejar su empleo y dedicarse a la confección. Su madre trabaja como costurera en una maquiladora y Mosqueda aprendió a coser desde los once años. Creó un taller de confección en su casa, en la Colonia Juárez de la Ciudad de México, y en ella se gana la vida arreglando prendas dañadas, cosiendo bolsos para una marca propia que registró o confeccionando vestidos. Para poder mantenerse necesita, dice, ingresar 500 pesos al día, aproximadamente 26 dólares. No paga seguridad social, pero dice estar contenta. “No me dan ganas de regresar al sector formal. Mi experiencia trabajando con el Gobierno es que no tengo garantía de nada. Ahora soy libre, manejo mis horarios”, afirma.
Mariana Mosqueda en su taller de costura en la Colonia Juárez de la Ciudad de México. GLADYS SERRANO
Los bajos salarios y las condiciones laborales también alejan a los jóvenes del sector formal. Los salarios en México se han mantenido prácticamente estancados desde 2000 y el país se ubica en la cola de los países de la OCDE en cuanto a crecimiento de los ingresos de los trabajadores. Un informe de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) muestra que el salario mínimo en México es de 1 982 dólares anuales, una pobre variación en comparación a hace casi dos décadas, cuando era de 1 788 dólares. El mal desempeño queda en evidencia cuando se compara a México con otras economías de la OCDE: Mientras en Luxemburgo el salario mínimo pasó de 19 968 dólares en 2000, para 2017 este había aumentado a 23 777. México está incluso por debajo de Chile, donde el salario mínimo se cuantifica en 7 086 dólares anuales.
«Trabajo sí hay, pero es muy mal pagado y las condiciones laborales son feas», asegura Adriana Gómez, de 26 años, quien desde hace siete decidió trabajar por su cuenta, confeccionando joyería en arcilla que vende en bazares, por redes sociales y en dos museos de la Ciudad de México. Gómez vive en Tlatelolco, vecindario tristemente célebre mundialmente por la masacre desatada en la cercana Plaza de las Tres Culturas contra estudiantes y civiles durante el Gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz, en 1968. El edificio en el que habita Gómez con su gato es una de las viejas moles de concreto que dominan el paisaje de esta zona de la Ciudad de México. Cuenta con un amplio apartamento con una vista privilegiada de la capital. En una de las habitaciones creó su taller, donde trabaja la arcilla que convierte en coloridos corazones que pueden llegar a comprarse hasta en 20 dólares en la Casa Azul de Frida Khalo, en Coyoacán, al sur de la Ciudad. La chica ha creado su propia marca, Adri Nun, con presencia en las redes sociales.
La joven dice que es difícil abrirse paso como trabajadora por cuenta propia en México. Ella ha pedido financiamiento a instituciones públicas que apoyan a artesanos, pero se la han negado por no cumplir los criterios del Estado. La académica Valeria Moy asegura que la falta de créditos al sector informal incide en que este sea menos productivo, aunque millones de mexicanos se empleen dentro de este ámbito de la economía. Adriana Gómez, por ejemplo, dice «pagar muchos impuestos», pero no siente que ese esfuerzo económico se convierta en apoyo para su iniciativa. A pesar de todo asegura estar satisfecha, aunque no tenga prestaciones ni cotice en el seguro social. «No me gustaría buscar algo formal», afirma tajante. «No tengo seguro, ni un salario fijo a fin de mes, pero prefiero la libertad que tengo». Y concluye: «Tenemos que exigir que mejoren las condiciones de trabajo en el sector formal. Si pudiéramos mandar a volar a las empresas, algo cambiaría».
Adriana Gómez es diseñadora de joyería, aunque nunca ha tenido un empleo formal, asegura que prefiere trabajar por su cuenta. GLADYS SERRANO