
Una nueva reforma laboral se discute en la Cámara de Diputados, y contempla modificar la forma en la que operan los sindicatos mexicanos, un reto para el gobierno federal que espera resistencia de líderes sindicales.
Por Luis Alonso Pérez
GETTY IMAGES
Desde su llegada a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador ha propuesto una reforma para democratizar la vida laboral del país. En diciembre de 2018 la Cámara de Diputados recibió dicha propuesta, y está siendo debatida a través de foros abiertos y mesas de discusión.
El 14 de octubre de 1948, Alfonso Ochoa Partida, un trabajador de Ferrocarriles de México, orquestó -en contubernio con el presidente Miguel Alemán- un asalto a las oficinas del sindicato de ferrocarrileros. Lo apoyaron policías y guardias presidenciales; su intención era poner el sindicato a los pies del presidente.
Además de ser ferrocarrilero, Ochoa era conocido por su afición a la charrería, por lo que su liderazgo sindical supeditado a la voluntad presidencial se le conoció popularmente como «sindicalismo charro«. Por décadas, esta alianza convirtió a algunos líderes sindicales en millonarios, y benefició a políticos y a empresarios por igual.
Desde su llegada a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador ha propuesto una reforma para democratizar la vida laboral del país. En diciembre de 2018 la Cámara de Diputados recibió dicha propuesta, y está siendo debatida a través de foros abiertos y mesas de discusión.
Para la secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde, esta reforma sería «una herramienta poderosa para reconducir la labor de los sindicatos frente a los trabajadores y en el mundo laboral«.
«Será el cambio más significativo en la historia del derecho procesal laboral desde la creación de las juntas de Conciliación y Arbitraje en 1917. Esta es la reforma».
Luisa María Alcalde.
Una parte sustancial de su propuesta se basa en modificar la forma en la que operan los sindicatos:
La resistencia de los líderes
Para el abogado laborista, Germán de la Garza, las propuestas de reforma podrían generar cambios importantes a favor de los trabajadores que actualmente no ven los beneficios de estar sindicalizados, ya sea porque sus sindicatos se conformaron para proteger a empleadores abusivos, o que lucran de extorsionar a los empresarios con amenazas de emplazarse a huelga, sin que los trabajadores así lo deseen, o incluso estén enterados de estas acciones.
Sin embargo, romper una inercia que ha prevalecido por décadas no será fácil, y seguro vendrá acompañado de una oposición de líderes sindicales. Es que parte de los mecanismos de democratización de la vida sindical implica permitir que se puedan elegir a sus dirigentes a través de votaciones reales, libres, directas y secretas.
En Entrevista con HuffPost México, De la Garza explica que un fenómeno arraigado en el sindicalismo son las elecciones simuladas, a través de «asambleas de papel». Estas reuniones podían o no realizarse, y solo bastaba que se redactara un documento en el que se daba validez a un proceso de votación ilegítimo.
«Este es un fenómeno arraigado que permitió que muchos líderes sindicales se eternizaran en sus cargos».
Germán de la Garza.
La coerción del voto es otra práctica abusiva ampliamente utilizada, en la que se manipulaba el voto de los trabajadores a través de mecanismos económicos, políticos y hasta físicos.
Ante las amenazas de cambio, el abogado prevé que los líderes sindicales, que ahora participan en las mesas de análisis y que aún cuentan con un poder político importante, opongan resistencia a una reforma que podría contravenir sus intereses.
«Evidentemente muchos de ellos no están de acuerdo con lo cambios. Argumentan que está habiendo un quebranto a la autonomía sindical, que está habiendo injerencia de parte del Estado al querer establecer nuevos requisitos».
Germán de la Garza.
¿Están listos para el cambio?
Una de las propuestas planteadas en la reforma es permitir que los trabajadores puedan elegir qué sindicato los represente, pues la Ley Federal del Trabajo permite que una compañía pueda tener celebrado un contrato colectivo sin que los empleados lo sepan. El fin de estos sindicatos blancos o charros, es proteger a las compañías de la posibilidad de que puedan emplazarlos a huelga.
También se pretende modificar el procedimiento para emplazar a huelga, instituyendo la obligatoriedad de que el sindicato deba acreditar que tiene la legal representación de los trabajadores, y acreditar también la voluntad de que la mayoría desea irse a huelga.
De implementarse, los trabajadores tendrían un mayor poder de decisión, el cual -para el abogado De la Garza- requiere de mucho conocimiento sobre las implicaciones económicas, laborales, e incluso sociales, de promover huelga.
«Yo espero que tengamos la capacidad para discernir cuando es conveniente ir a una huelga y cuando no, pero para que estos modelos sean exitosos, debe haber una preparación y una madurez para no tomar malas decisiones».
Germán de la Garza.